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Sep 07

Las deliciosas pitayas

Anoche comí pitayas, de postre. A mi me gusta cortarlas en cubos, esparcirles azúcar y sazonarlas con algo de Triple Sec.

Las pitayas chapinas contrastan notablemente con sus primas asiáticas que mostré hace poco. Por cierto que mi amiga Justine contó que en Asia les llaman Frutas Dragón, y si uno ve bien la de la izquierda, puede imagnarse por qué.

Cuando las comía, me acordé de una historia que leí cuando estaba en la Primaria. Esta es la de una cueva que estaba habitada por murciélagos, y de la cueva salían ríos de sangre.

La gente, por supuesto, tenía mucho temor de la cueva y de los murciélagos; miedo que se hacía espantoso si tomamos en cuenta el vampirismo que implicaba la abundancia de sangre.

Resulta, claro, que todo tenía su explicación. Los murciélagos en cuestión consumían muchas pitayas y por lo tanto su orina y sus excrementos salían coloreados. Al mezclarse estos con el agua que corría en la caverna, parecía que de ella salían ríos de sangre.

No recuerdo si la cueva quedaba en Honduras, o en Guatemala, pero quizás alguien puede ampliarnos más información sobre esta historia.