¿Cómo se canta el Himno?

 

En Guatemala se alborotó el gallinero porque la cantante Karol Posadas interpretó de forma desordenada las estrofas del Himno Nacional y porque lo hizo en modo jolgorio. En principio sostengo que al Himno no se le deben cambiar la letra, el ritmo ni la melodía para aggiornarlo, y sostengo que la idea de modificarlo al calor de algún revisionismo ideologizado debe ser resistida con todo.

Mi madre, mi familia y yo difrutamos de la pelea y del triunfo de Lester Marínez, conectados con millones de chapines.

Objetivamente, tanto la letra como la música del Himno son bellos. Su letra, su música y su ritmo le aportan —a quien pone atención— ese placer poético y ese mundo romántico que proyectan emociones intensas, vinculadas a valores y virtudes íntimamente relacionadas con un sentido de vida. Uno heroico. Como en esta estrofa: Pues tus hijos valientes y altivos, que veneran la paz cual presea, nunca esquivan la ruda pelea si defienden su tierra y su hogar.

Para que el Himno no pierda su carácter y no se vaya convirtiendo en una burla, o en algo vacío, conceptos significativos como venerar la paz cual presea y. defender la tierra y el hogar deben ser cantados con música y ritmo que no anulen, ni invaliden aquellos conceptos. El Himno de Guatemala tiene una integridad que trasciende el nacionalismo ramplón y estatista —del que hay que huir como se huye de la peste— para recoger con elegancia y dignidad el ideal legítimo de oposición a la tiranía y al poder ilimitado, así como el derecho de las personas a determinar su propio destino.

El Himno dice: ¡Guatemala feliz…! que tus aras no profane jamás el verdugo; ni haya esclavos que laman el yugo ni tiranos que escupan tu faz; y pues, esa estrofa no se canta con música y ritmo que no sean lo apropiados para inspirar el rechazo a toda tiranía, sin importar el color que tenga.

Y sin embargo

Dicho lo anterior, entiendo que no es lo mismo entonar el Himno en una ocasión solemne como un acto de graduación, o en la celebración del Día de la Constitución, que cantarlo al calor de un encuentro deportivo.

En esas ocasiones de fiesta el Himno cumple una función conectora que viaja en el tiempo y el espacio entre personas de lo más variopintas. El sábado pasado, la victoria del pugilista Lester Martínez y la voz de Karol Posadas nos conectaron a mi mamá, a mi familia y a mí con millones de guatemaltecos en San Bernardino y en todo el mundo. Durante la premiación y durante los cinco minutos que comienzan con ¡Guatemala feliz…! que tus aras ¿qué clase de chapín no se siente chapín? No por ese nacionalismo estatista y nefasto que mencioné arriba, sino porque por unos instantes podemos entender la premisa del universo benevolente. Uno en el que, como coreaba la gente en el National Orange Show Event Center, ¡Sí se puede!

Las emociones y sentimientos que derivan de experimentar el universo benevolente se canalizan y materializan en la entonación de una melodía común que ni siquiera tiene que ser cantada de forma correcta para producir la conexión espontánea. Si me preguntan si prefiero que el Himno sea cantado con sus versos y estrofas en orden, digo que sí, que sí lo prefiero para que no se pierda el encanto de su belleza poética. Pero prefiero que se cante desordenado, de forma espontánea y celebratoria, a que no se cante, o se cante con desdén. Prefiero que, si uno sabe que va a cantar el Himno Nacional urbi et orbi, haga el esfuerzo responsable de aprenderse la letra completa.

No recuerdo en qué grado de primaria me aprendí el Himno guiado por las señoritas Anabella o Teresita y por la que era mi profesora de canto (cuyo nombre olvidé). Recuerdo que a mis compañeros y a mí nos explicaron cada verso; y entonces fue que aprendí lo que significaba lamer el yugo y lo que era el paladión.

La verdad es que no es rocket science y la apreciación de la poesía y el simbolismo que hay en él Himno eleva mucho la experiencia de cantarlo en cualquier ocasión. Y al final, eso es lo que importa: que se cante, que se sienta y que siga conectándonos, aunque sea con alguna estrofa fuera de lugar y un espíritu más de fiesta que solemne.

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