Cuando era niño, mi abuelita Juanita y mi tía abuela, La Mamita me contaron que había una procesión que iba en silencio -sin banda- y que la acompañaban solo redoblantes que marcaban el paso y que en algún momento se escuchaba el Toque del Silencio. Algún tiempo después, mi madre me contó de esa procesión; pero nunca llegué a verla.
Hace dos años alguien me contó que aquella procesión era la del primer jueves de la cuaresma chapina (en el equinoccio de primavera), de modo que en 2024 y 2025 salí en su búsqueda… solo para encontrar que sí lleva banda y no oímos el célebre toque. Pero no pregunté. Por menso, no pregunté nada.
Este año, por casualidad, llegué a la procesión justo a tiempo para escuchar el Toque del Silencio, solemne y conmovedor. No pude sino acordarme de La Juanis y de La Mamita. ¡Me alegré mucho de haber llegado en el momento en que sonó aquella melodía! Yo estaba embobado y no alcancé a grabar; pero Raúl sí consiguió aquellas notas que me hicieron viajar a las historias de mi niñez. Mi cuata, Majito, me explicó que aquella procesión es un via crucis y que el Toque del Silencio se hace en cada estación de aquella práctica.
@ottoraul.contreras El Señor de los Milagros es recibido con el toque del silencio. #procesionesenguate2026 #cuaresma2026 #guatemala #chapinesporelmundo
Los que visitan este espacio con frecuencia saben que no asisto a las procesiones por su contenido místico; sino porque me encantan las tradiciones, las fiestas populares callejeras, y porque… ¿a dónde va Vicente? A donde va la gente.
Una vez escuché, de un habitante de San Sebastián, Retalhuleu, que un pueblo sin tradiciones es un pueblo muerto. Dichosamente, los guatemaltecos —a lo largo y a lo ancho del país e incluso cuando migran— tienen las más variadas y ricas tradiciones. Todas con tronco y raíces comunes, pero adaptadas e interpretadas de acuerdo con los sistemas de creencias y patrones de crianza de millones de individuos, familias y poblaciones. Las tradiciones también crean comunidad, nos dan sentido de estabilidad y de pertenencia, y sentido de propósito común… cuando hace falta. De ahí que el valor sanador y constructor de las tradiciones sea consecuencia de un largo proceso evolutivo, y no pueda ser el resultado de imposiciones, ni de prohibiciones. Y ese valor se aplica incluso para tradiciones cuyo contenido místico uno podría no compartir. Las tradiciones, además, son puentes que conectan generaciones.


