Conocí a Mafalda ca. 1974 porque unas vecinas de la casa de mi abuela, Frances, que me daban jalón a la 1:30 de la tarde cuando iba al colegio, la mencionaron y me la recomendaron en el trayecto de poco más de 10 minutos en el auto.
¡Aaaaaah!, como disfruté de la obra de Quino y por eso lamento mucho su muerte. No sólo disfruté de Mafalda, sino también de otras de sus piezas de aquel humor filoso y latinoamericano que lo caracterizaba.
Por cierto, te recomiendo muchísimo el Elogio de Manolito; por Carlos Rodríguez Braun.
Adiós, don Quino.