Chapines en busca de la justicia

En 1946, los chapines le enviaron un mensaje alto y claro a todo delincuente que amenazara la seguridad de las personas y la tranquilidad de la sociedad. La celeridad del juicio y posterior fusilamiento  *de José María Miculax Bux , fue una advertencia inequívoca de lo que le pasaría a todo criminal que siguiera los pasos de aquel asesino de niños.

 El momento histórico, el sentido común, pero sobre todo la complicidad ciudadana, hicieron posible que los guatemaltecos dieran una respuesta contundente a una serie de crímenes cometidos con saña y desprecio a la vida y a la inferioridad física e indefensión de las víctimas, dijo José Eduardo Valdizán, del programa de televisión Valdizán, al relatar los detalles de aquella ocasión en la que los guatemaltecos dispusieron enfrentar la criminalidad.

Miculax fue un asesino en serie que, en compañía de su primo Mariano, aquel año les dio muerte a entre 14 y 15 niños y adolescentes, después de abusar sexualmente de ellos mientras los asfixiaba con una cuerda.

De aquello me acordé ahora que muchos chapines estamos viviendo el caso Siekavizza, triste e impresionante, que incluye un presunto asesinato, la desaparición de dos niños, la fuga del principal sospechoso y la relación filial de este con quien ha ocupado la Presidencia del Organismo Judicial.

El compromiso activo y la movilización de la familia y amigos de la víctima, Cristina Siekavizza, ha despertado la participación ciudadana de centenares de personas (y la perseverancia admirable del grupo Voces por Cristina) que claman por una investigación seria, por el esclarecimiento de los hechos delincuenciales que podrían estar relacionados con el caso, y por la captura y castigo de los involucrados en ellos. En un país en el que 98 por ciento de los delitos quedan impunes, la tarea es titánica y demanda la atención de todos aquellos que entiendan que, si no estás indignado, es porque no estás poniendo atención. Eso sí, siempre, siempre, en persecución de la justicia y respetando el debido proceso. Como debe ser.

*No estoy a favor de la pena de muerte; pero ese no es el punto de estas meditaciones.

Columna publidada en El periodico.

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4 comments

  1. Por qué no a la pena de muerte mi estimado Luis?

  2. Hola Andrés: Porque nadie, ni el estado, debería tener la facultad de quitarle la vida a otra persona. La vida, como derecho, debería ser absolutamente inviolable. Absolutamente. Y, segundo, porque si el estado se equivocara al quitarle la vida a alguien(¡y se ha equivocado en sistemas de justicia bastante mejores que el nuestro!) no podría resarcirlo por el daño. Digamos, que si el estado se equivoca y mete presa a una persona durante 10, o 20 años, el daño podría ser “reparado” mediante una indemnización. Pero…en el caso de la pena de muerte, ¿cómo le repararía el daño al perjudicado? Saludos

  3. José Luis López T.

    Hola Luis. “entre 14 y 15 niños y adolescentes” o sea, mató a 14.5?

  4. ¡Ups!, Gracias José Luis. No me dí cuenta. Saludos