Cuento breve: Suicidio con aroma de café

Don Pedro se levantó, sorbió su espresso y le echó una última mirada a su oficina. No era la cueva llena de papeles que suele asignársele a los contadores; porque él se las había arreglado para hacerla agradable. Con vista al jardín interior y a las paredes de ladrillo que combinaban muy bien con el verdor, era pequeña; pero, ¡hasta daban ganas de trabajar en ella!

Aunque ya no daban muchas ganas, la verdad sea dicha. Los últimos ocho meses habían sido una pesadilla y ya ni el espresso lo animaban como antes. ¿Aguantaría, él, ver su nombre en los diarios? ¿Será cierto que la vergüenza pasa; pero el dinero se queda? ¿Sería capaz de morder la bala? ¿Y si todo era una trampa? ¿Cómo me deje clavar así? Aaaaaaah, como pesa todo, se dijo.

Recordó su primer día en la empresa, justo el día antes en el que del viejo edificio se trasladaron al nuevo, a este que tanto le gustaba. Recordó que febrero sería muy importante para la empresa y sintió mucho no estar para disfrutarlo. Pero…¿disfrutar qué? Sólo un ángel podía salvarlo, y sólo un ángel podía perderlo.

Determinado, pues, puso su mente en blanco, bajó por las gradas y se dirigió al sótano. Pensando en nada, ahora era una máquina y ya había tomado la decisión. Ni el sentimentalismo, ni nada lo detendría porque, claro, sólo así es que se pueden hacer este tipo de cosas, sobre todo si no se tiene experiencia.

Como pudo -y como imaginó que se hacía en las películas que había visto- se puso la soga al cuello, la pasó por la viga y se dejó ir. Pero, ¡Mierda!, nada es tan fácil como parece. Fracasó una vez y lo abordó el pánico. Las manos le sudaban y el corazón estaba por salirse de su pecho. Empero, sabía bien que era ahora, o nunca.

Más tarde, quién sabe si se atrevería a hacerlo de nuevo.

Se serenó como pudo, y más bien casi nada. Tomó uno de los cuchillos que había en la mesa, respiró profundo, se lo llevó al cuello…y ni siquiera sintió que su cuerpo se desplomaba. Ahí todo se oscureció. Terminó la angustia.

El susto, ni modo, fue para don Nayo el de la limpieza. Fue el quien encontró el cuerpo de don Pedro en el sótano. Y fue él quien tuvo que salir corriendo para dar la alarma.

Comments

comments

Comments are closed.