Coerción Social, ¿logra lo que otros no han logrado?

Según la gente del programa de Coerción Social, las bolsas solidarias que reparten ellos en nombre de Sandra Evita Torres y de Alvaro San Nicolás Colom, no se compran, ni se venden, ni nada parecido. La burocracia de Evita contradice así reportes que en ese sentido fueron publicados ayer.

Si así fuera, la socialdemocracia chapina habría logrado lo que otros no han conseguido y contradice una larga historia de experiencias parecidas. Un lector de este espacio comentó, ayer, que una tía suya, que en los años 70 trabajaba en Bienestar Social, le contó que la gente vendía el aceite y la leche que recibía de la Alianza para el Progreso. Cuenta, también, que algo parecido ocurría con algunos de los víveres que la gente recibía luego del terremoto.
Personalmente recuerdo que, a principios de los años 80, mucha gente vendía en los semáforos unas latas enormes de queso que recibía creo que en algún programa de alimentos por trabajo, o algo parecido.
Mí tía abuela, La Mamita, contaba que allá por los años 40 ella había colaborado con algún tipo de organización privada voluntaria de servicio. Esa organización les daba máquinas de coser a algunas mujeres, con la idea de que ese capital les sirviera para establecerse como costureras y que así se ganaran la vida. La Mamita contaba que cuando fueron a hacerle seguimiento al programa, la mayoría de mujeres había vendido la máquina.
Lo cierto es que las valoraciones son personales y que así como hay gente que valora más unos quetzales que una máquina de coser, también la hay que valora más Q25 que una lata de queso extraño. Así como hay gente que valor más unos quetzales que el aceite, o la leche, seguramente hay gente que valora más unos el café y unos ricitos, que su bolsa solidaria.
A mí esas cosas no me extrañan; y hay que anotarlas para que consten en acta. Sobre todo si, como se deriva de lo que dice la gente de Coerción Social, la naturaleza humana está cambiando y ahora la gente actúa conforme a nuevos patrones.

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4 comments

  1. José Felipe Obiols

    Mi papá regaló una silla de ruedas a una persona que pedía limosna en diferentes calles de la ciudad, que no tenía piernas. A los días volvió a verlo de nuevo tirado en el suelo pidiendo limosna.Seguro que él valoraba más el dinero que le dieron por la silla (probablemente tenía otras necesidades más urgentes que satisfacer, antes que caminar), además que sus ingresos se verían sin duda reducidos si ya no estaba tirado en el suelo.¡Fue una inmensa lección para mí!

  2. Pues yo no creeria que la gente actua como los nuevos patrones, en lo personal creo que ese fenomeno de vender lo regalado es nomas una modificacion del modus vivendi del guatemalteco (historicamente hablando), puesto que por tradicion (que data desde la epoca en que la mitad de nuestros antepasados eran los plumudos) la gente en nuestra latitud tenia por oficio y forma de vida el comercio y eso significa que no necesariamente producia su bien sino que lo transaba con algun agente externo digamos de Teotihuacan o Cuscatlan, en tiempos prehispanicos y de Ciudad Real de Chiapa hacia San Salvador. Es algo que llevan muchos de nuestros compatriotas, sacarle raja a cuanta cosa llega a sus manos sin tener que esforzarse mucho.

  3. Y en una escala mayor también ha sucedido con algunas reformas agrarias, la gente termina vendiendo el pedazo de tierra que le tocó.

  4. Katerinn, gracias por su comentario y por su visita; pero no lo publiqué porque vino anónimo. Saludos.