Más de 13 ataques armados se registraron contra agentes de la Policía Nacional Civil; al momento de escribir esta nota se han reportado siete de ellos fallecidos y 10 heridos.
Tras recuperar el control de la prisión Renovación I, en Escuintla, las fuerzas de seguridad fueron blanco de ataques armados en distintos puntos del país, atribuidos a represalias de mafias vinculadas al sistema penitenciario. Durante el fin de semana se registraron disturbios en al menos tres centros penitenciarios, incluido Renovación I, donde reclusos incendiaron áreas internas y generaron caos operativo.
En momentos como este, lo primero que cabe es expresar condolencias y respeto a las familias de los agentes de la Policía Nacional Civil asesinados, y solidaridad con los heridos.
Acto seguido, ni el Ministerio de Gobernación, ni el de Defensa, ni la PNC deben escatimar esfuerzos para identificar y capturar a los responsables, hacer que se cumpla la ley con severidad y garantizar la seguridad de los habitantes del país. Si no pueden con esas tareas, los titulares deben presentar sus renuncias. Si un gobierno no puede garantizar la seguridad, es solo una administración y entonces… ¿sirve para algo bueno? Nunca es momento para los tibios, pero en situaciones como esta, menos.
En otras latitudes, a los asesinos de policías se les llama cop killers y son una categoría especial entre las fuerzas de la ley. Un amigo criminólogo, que sabe de estas cosas, me comenta que según el informe Law Enforcement Officers Killed and Assaulted del FBI, en los Estados Unidos los cop killers suelen tener entre 30 y 36 años, y que aquí en Guatemala podrían ser más jóvenes. Una gran, gran mayoría suelen ser hombres con antecedentes en delitos violentos, experiencia en violencia callejera y registros penales; muchos están en libertad condicional o tienen órdenes de captura pendientes. No es raro que actúen bajo la influencia de sustancias. No siempre lo hacen por odio a la policía; en el caso de los ataques de hoy, pueden estar motivados por venganza o por demostrar poder.
En México, Centroamérica y Guatemala, muchos asesinatos de policías están vinculados a cárteles y maras. Las motivaciones incluyen mensajes públicos de poder y capacidad terrorista, y con frecuencia actúan por órdenes superiores o para ganar estatus dentro de la pandilla.
¿Cómo se protege a los agentes? La protección efectiva es multicapas: equipo, entrenamiento, procedimientos e inteligencia. Los gobiernos de países con menor tasa de policías asesinados invierten fuertemente en esos cuatro pilares. En Guatemala… pues ya puedes imaginar.

La foto es de ayer, y la titulé: “No se levantaron temprano en la Casa Presidencial y todavía está en la puerta la prensa”. La verdad es que llevan dos años de estar dormidos
Cuando ocurren asesinatos de policías, la mayoría del público los ve como un ataque directo al orden social, lo que genera rechazo visceral y demandas inmediatas de justicia rápida y severa, como está sucediendo ahora mismo. La Administración Arévalo/semillera/raicera no puede seguir retrocediendo. Si no responde con firmeza, el mensaje que envía es claro: aquí gobiernan otros. ¿Es, esta la segunda cosecha? ¿Es el principio de la tercera cosecha?


