La mentira y la posverdad

Hace un rato, un cuate hizo alusión a la posverdad en su perfil de Facebook, y casi inmediatamente uno de sus seguidores le comentó que  llamar posverdad a la mentira es el mayor triunfo de la mentira.  Y estoy de acuerdo….y mi cuate también está de acuerdo.

Con aquel uso avanzan la mentira y la neolengua.

Una mentira, según el Diccionario de la lengua española es una expresión, o manifestación contraria a lo que se sabe, se piensa o se siente; y también es cosa que no es verdad.  Nótese que en la primera acepción prevalece lo personal y caprichoso sobre lo objetivo; y que no es, hasta la segunda acepción, que se apunta a que la mentira es lo que no corresponde al reconocimiento de la realidad.

El anti-concepto de posverdad todavía no está incluido en el DLE; pero lo va a estar y se referirá a toda información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público.  Según Darío Villanueva, director de la RAE, el término posverdad está conectado con el potencial […] que la retórica tiene para hacer locutivamente real lo imaginario, o simplemente lo falso; que son posverdad los términos que  son evidentes negaciones de la realidad y que hoy en día lo real no consiste en algo ontológicamente sólido y unívoco, sino, por el contrario, en una construcción de conciencia, tanto individual como colectiva.

Un anti-concepto, como lo definió  Ayn Rand,  es un término innecesario y racionalmente inútil diseñado para reemplazar y anular un concepto legítimo.   En este caso, el anti-concepto de posverdad reemplaza y anula el concepto de mentira.

La neolengua (al estilo de 1984, de George Orwell) es palabras, o frases construidas con fines políticos, con el objetivo de dirigir y controlar el pensamiento del hablante, y cimentar el pensamiento único.  Incluye el uso abundante de palabras y frases comadreja (sin contenido) y anti-conceptos.  En la neolengua las necesidades son presentadas como derechos; la democracia se impone sobre la república; la justicia social sustituye a la justicia; la corrección política sustituye a la libertad de expresión; la verdad alternativa y la verdad interina sustituyen a la verdad; el conflicto sustituye a la cooperación social; el estado de derecho democrático sustituye al estado de derecho; lo que se entiende por justicia se persigue desde el Organismo Legislativo y no desde el Organismo Judicial; la riqueza cultural es aplastada por la apropiación cultural; no se distingue la legislación, de la ley; neoliberalismo es casi cualquier cosa que no sea colectivismo y así podemos seguir. La mentira (un concepto con carga moral negativa durante siglos y siglos de historia humana), es remplazada por la posverdad, un neologismo que es casi moralmente neutro, porque no carga con siglos y siglos de bagaje negativo. La palabra posverdad no suena tan fea y mala como la palabra mentira. ¿Quieres un ejemplo? Compara la frase: Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad; con Una posveredad repetida mil veces se convierte en verdad. En esas condiciones, la posverdad aparenta ser sólo un figura retórica inocente, como el símil, la anáfora, o el epístrofe.

Luego, llamar posverdad a la mentira es uno de los mayores triunfos de la mentira, y de los promotores de la neolengua, de los anti-conceptos y de las palabras comadreja.  Y no con buenas intenciones.

La ilustración es de un impreso de 1916 sin autor acreditado y de dominio público, via Wikimedia Commons.

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