Espectaculares, quirúrgicos y oportunos fueron el derrocamiento del régimen chavista en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro. Hoy me desperté en la madrugada porque anoche me dormí muy temprano, me dio hambre y ¡qué sorpresa agradable fueron los vídeos del vuelo de helicópteros sobre Caracas y los estallidos precisos que inutilizaron a las fuerzas armadas del régimen y volaron hasta la tumba de Hugo Chávez!
Qué conmovedoras son las expresiones de felicidad y alivio de los venezolanos en su país y en todo el mundo, lo que me recordó el ambiente que hubo durante el derribamiento del Muro de Berlín. En ese espíritu de fiesta, hoy participé en dos celebraciones para brindar por la salud de Donald Trump y por el derrocamiento de aquella tiranía criminal en Venezuela. Aunque falta capturar a Diosdado Cabello y a Vladimir Padrino.
¿Por qué una tiranía criminal? Por los más de 100 héroes asesinados por la narcotiranía, especialmente los menores de edad. Por la tortura de por lo menos 1000 disidentes políticos y por los horrores de El Helicoide. Por 8 millones de venezolanos exiliados. Por un país destruido, saqueado y empobrecido. Por la destrucción de la constitucionalidad y del ejército. Por el robo de varias elecciones.
Porque la soberanía individual precede a la soberanía nacional. Si un soberano viola de forma sistemática los derechos individuales, el régimen es totalitario, inmoral y por lo tanto derrocable.
En todo el espectro colectivista abundan los reclamos por lo ocurrido esta mañana, e incluso del lado libertario aparecen esos reclamos: que no son las formas, que el derecho internacional, que la negociación, que si patatín, que si patatán. Ya en 1599, Juan de Mariana había abordado la doctrina del tiranicidio como un medio legítimo para eliminar a un gobernante que se convierte en tirano, es decir, aquel que gobierna no para el bien común (bonum commune), sino para su beneficio personal, violando las leyes naturales y divinas. Por supuesto que no como un derecho absoluto, sino como una medida extrema para proteger la libertad y el bien común, lo que se alineó con la visión de los derechos individuales como límites al poder absoluto. Claro que un derrocamiento como el que vimos hoy no es un tiranicidio, pero si es legítimo matar al tirano, es más legítimo sacarlo del poder a cañonazos.
¿Con ayuda de afuera? ¡Sí, con ayuda de afuera! En parte porque una de las primeras cosas que hacen los aspirantes a tiranos es desarmar a las personas, lo que deja a la gente indefensa frente a la policía y el ejército de los tiranos. Y en parte porque estas tiranías que duran décadas y décadas minan la voluntad de resistencia de los habitantes del país.
Ayn Rand lo tenía clarísimo. En La virtud del egoísmo, en el capítulo titulado Derechos colectivizados, la filósofa explicó que las dictaduras no poseen soberanía legítima porque violan los derechos individuales de sus ciudadanos, convirtiéndolos en esclavos bajo un régimen de fuerza iniciada por el Estado. Sostiene que los derechos pertenecen solo a los individuos, no a colectivos como naciones o gobiernos, y que una dictadura es esencialmente una banda de delincuentes que pierde cualquier prerrogativa moral o reclamo de derechos nacionales. Por lo tanto, una nación libre tiene el derecho moral (pero no la obligación altruista) de invadir y derrocar tales regímenes, siempre que sea en su propio interés racional y sin sacrificar sus valores.
La inmoralidad de la mística colectivista (en la izquierda y la derecha) es particularmente notoria en relación con la cuestión de los derechos nacionales; y esa mística es un alacrán en la camisa de Occidente.

Cada uno de estos nombres justifica el derrocamiento asistido del régimen bolivariano en Venezuela. La foto la tomé de Venezuela red informativa.
Por eso es que la posición de la administración semillera/raicera de Bernardo Arévalo en el sentido de que ante los hechos en Venezuela, hacemos un llamado a cesar cualquier acción militar unilateral, y respetar los principios de la Carta de la Organización de Naciones Unidas. La paz y el respeto al derecho internacional es el claro camino que debemos seguir, es pusilánime y cómplice con la tiranía. Por cierto, ¿qué será de la escuela de formación chavista en la Universidad de San Carlos de Guatemala? ¿Todavía existe? ¿Dónde trabajan los graduados?
Hay que recordar que, para los venezolanos, tomó 27 años de miseria y corrupción moral corregir el desastre que comenzó con las elecciones de febrero de 1999. Es muy fácil entregarles el poder a tiranos por despecho, pero luego muchos jóvenes tienen que morir en las calles, o en las cárceles y, como en este caso, se necesita la mano de un amigo para sacar a los tiranos por la fuerza.
Que este derrocamiento sirva de lección: la libertad no se negocia con tiranos, se conquista con coraje y aliados firmes; y olajá ue la transición sea hacia la libertad y que los venezolanos puedan superar a sus fantasmas. ¡Viva Venezuela libre!
¿Ahora les toca a Irán, Jamanei y a los mulás? Porque mira: si cambia Irán, cambia el mundo.


