El hombre y el bosque, y otras fábulas

Que sabroso fue encontrarme con fábulas de Esopo en un día que fue emocionalmente intenso para mí. Estos relatos y sus moralejas son cándidos y ricos en sabiduría, y yo tenía añales de no leer varios, uno tras otro, ¿cuántos añales? No se…quizás desde los años 80.

Mi abuela, Frances, y el volumen 17 de Harvard Classics.

Te comparto El hombre y el bosque:

Un hombre entró en un bosque un día con un hacha en la mano y rogó a todos los árboles que le dieran una pequeña rama que deseaba para un propósito particular. Los árboles eran bondadosos y le dieron una de sus ramas. ¿Qué hizo el hombre sino fijarlo en la cabeza del hacha, y pronto se puso a trabajar cortando árbol tras árbol? Entonces los árboles vieron lo tontos que habían sido al darle a su enemigo los medios para destruirse a sí mismos.

Esta me parece muy atinada porque me recordó a aquellos que están dispuestos a sacrificar la libertad a cambio de algo se seguridad; me recordó a los empresarios que promueven impuestos y privilegios; a los sindicalistas que se entregan al socialismo; a los periodistas que celebran dictaduras; a los curas que apoyan guerrilleros; y así.  Gentes que les dan a sus enemigos los medios para destruirse a sí mismos.

¿A qué viene esto? A que en estos días de recogimiento, por decir algo, dispuse leer lo que toque de The Harvard Classics, de acuerdo con su guía de lectura Fifteen Minutes a Day.  Dicha guía le permite, al lector viajar por las mentes y los escritos de algunos de los más fascinantes pensadores de todos los tiempos…y algunos no tan fascinantes.

El editor, Charles W. Eliot, que fue presidente de la Harvard University, más de una vez dijo en público que, en su opinión, un estante de cinco pies, podría contener suficientes libros para permitir un buen sustituto para una educación liberal, a cualquiera que los leería con devoción, incluso si sólo dispusiera de quince minutos al día para leer.  En fin, The Five-Foot Shelf of Books fue uno de los regalos que mi abuela, Frances, me regaló cuando me gradué de bachillerato en 1979.  De cuando en cuando acudo a la colección para consultas en casa; pero hoy decidí leer las lecturas asignadas cada día durante el distanciamiento social, para leer temas distintos a los que suelen ocupar mis momentos de lectura por trabajo y por placer, que al final resultan ser lo mismo.

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