Me encanta cuando publico un plato que cocino y los lectores me piden la receta. Aquí va la de sopa de pan o sopa de ajo que se hacía en casa de mis abuelas y de mis padres. Esta sopa es el epítome de la comfort food; perfecta para cuando uno está malito, y perfecta, también, cuando uno necesitaba cariño.
Caveat: no tengo una receta porque es el tipo de cosas que cocino al ojo.
Se ponen a remojar en agua unos cuatro, o seis panes franceses y la cantidad de panes depende de la calidad de los mismos.
En buen aceite de oliva frío -a fuego lento- unos cuatro dientes grandes de ajo cortados por la mitad y sin núcleos. Se fríen a fuego lento para que suelten su sabor y queden como caramelizados.
Se retiran los ajos del aceite y del fuego y en un colador de frijoles (de esos de antes) se cuelan los panes bien exprimidos, sobre el aceite de oliva. A esa mezcla se le añade agua para darle a la sopa la consistencia preferida. Luego, poco a poco, para darle el toque necesario, se agrega sazonador en polvo para consomé de pollo. ¡Aguas con no pasarse porque el sabor debe ser delicado!
Sirvo la sopa bien caliente y adornada con ajos fritos porque me encanta comerlos. Hay días en que esta sopa sabe a casa, a recuerdos y a cariño.


