¿Cuántos años tengo?

¿Cuántos años tengo? La verdad que no se.  He vivido, ¡vivido!, 57 años; pero no se cuántos tengo. Eso sí, espero que sean muchos y buenos.  Y si son pocos, que sean buenos.

Nací el domingo 17 de septiembre de 1961 a las 2:45 p.m. Es importante tomar nota de que fue en domingo, justo a la hora de la siesta; y así reportó, El Imparcial, aquel acontecimiento:

¿Sabes qué ha sido lo mejor en ese tiempo? La gente que ha caminado a mi lado, la que me ha cargado en brazos cuando ha hecho falta.  La gente que me ha enseñado el camino y la que me lo ha iluminado.  De todo lo que he hecho y lo que he tenido, son las miradas, las sonrisas, las voces y las manos de cientos de personas buenas, generosas y entrañables  lo que más me llena de alegría recordar.

En eso estaba  pensando cuando cruzaron por mi mente hechos y fenómenos que he vivido: dos sobrecogedores eclipses totales del Sol, la llegada del primer hombre a la Luna que fue una hazaña científica y tecnológica de carácter tiránico, el terremoto de 1976 y sus lecciones de solidaridad y resilencia, el golpe de estado de 1982 (cuando yo creía que nunca iba a ver uno de esos), el serranazo en el que viví de cerca cómo se hace la historia, el 11 de septiembre de 2001 y los horrores del terrorismo islamista, las jornadas de mayo de 2009 y las camisas blancas, el Cambray y el drama humano del deslizamiento en aquel lugar, el siniestro en el estadio Mateo Flores, en 1996, el 13 Baktun (y todo pasó sin que pasara nada), la tragedia del volcán de fuego hace sólo un par de meses y cuando el volcán Pacaya cubrió la ciudad de Guatemala con arena negra en 2010.

Nada que ver, pero sí tiene que ver, que el otro día comentaba con aficionados a la Historia, que en mi vida me perdí de hacer dos cosas que deseaba mucho y mi padre nunca me concedió: visitar la Penitenciaria central antes de que la demolieran (muchos de mis compañeros del colegio fueron) e ir a la lucha libre.  Para la primera no hay remedio, y para la segunda tampoco, porque si bien es cierto que podría ir ahora ala lucha libre, ya no sería con ojos de siete, o diez años…y no es igual.

Si veo para atrás la vida me hace un guiño y no puedo sino sonreír maravillado.

Ante todos ustedes -y ustedes saben quiénes son- levanto mi copa y me inclino con agradecimiento y cariño. ¡Lehaim!…y mientras tanto el día comenzó con los tradicionales torta y chocolate, torito, palo encebado, alegre alborada y zarabanda.

De paso, esa idea de cuántos años tengo se la copié a mi amigo Moi.

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