Opciones para invertir tus ahorros

A principios de los años 90 cuando las tasas de interés estaban políticamente altas, hubo boom de inversiones en títulos privados por medio de la Bolsa de Valores.  Y tuve la experiencia de comprar varios de aquellos títulos porque, la verdad sea dicha, si uno guarda su dinero en el banco, al final de cuentas para perdiendo.  La inflación es tan alta y las tasas tan bajas, que no tiene cuenta.

En fin…cuento esto porque luego las tasas de interés fueron políticamente reducidas y se vino el crack que muchas personas recuerdan con amargura.  Tuve pagarés de una exporatadora de café que quebró y dejó a mucha gente silbando en la loma; pero, por un golpe de suerte, ya había salido de ellos cuando ocurrió el desastre.

Como yo me sabía muy bien la lección de que no hay que tener todos los huevos en una sóla canasta; y me sabía también aquello de que mientras más alta es la tasa de interés, más alto es el riesgo, salí indemne de todo aquello y me gocé la experiencia.  Además, protegí bastante el valor de mis ahorros de entonces, que se hubieran hecho nada si los hubiera dejado en una cuenta de ahorros, o si los hubiera invertido en castillos de naipes.

Cuento esto porque hoy leo que los títulos de deuda y las acciones han vuelto a la Bolsa de Valores Nacional.  Seguramente es un fenómeno que ya tiene ratos; pero hasta hoy lo veo en un diario.  Y me da gusto porque la vida económica y financiera de los guatemaltecos sería distinta si hubieran un mercado de capitales y un mercado de deuda desarrollados y sanos.

Si tienes unos quetzales ahorrados, prueba la experiencia de comprar títulos de deuda, o acciones, ¡sin olvidar las reglas que mencioné arriba!

Y por cierto…me causó mucha gracia, pero mucha gracia, que viendo lo que está pasando en Italia, España y Grecia con la deuda pública de aquellos países, un experto chapín haya dicho que el riesgo es más seguro cuando se trata de deuda pública como bonos y letras.  Precisamente, la lección que deberían aprender los macroeconomistas, de lo que está pasando con los grandes estados benefactores (financiados con deuda pública e impuestos exorbitantes) es que las deudas soberanas -que ofrecen altos intereses y están respaldadas por políticos- no son más seguras que las deudas privadas que ofrecen intereses razonables y están respaldadas por productividad.

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