Condenado a morir, en vez de haber sido dado en adopción

Casi se me pasa esta nota: A José Pablo no lo quiso su madre; y cuando lo parió lo tiró a la basura.  Los médicos que lo recibieron, luego de que fue rescatado por los bomberos, temían que la sépsis, o el frío lo mataran; pero José Pablo es talishte y se está recuperando.

Su madre no se alimentaba mal y tuvo un embarazo sano; y puedo suponer que eso ayudó a que Juan Pablo sobreviviera a las bacterias y a las noches de frío antes de su rescate.

Y yo digo: ¿no hubiera sido mejor que la madre de José Pablo lo hubiera dado en adopción?  ¿No hubiera sido mejor que personas amorosas dispuestas a cuidar de la madre de José Pablo durante el embarazo le hubieran procurado al niño un nacimiento menos indigno?  Y, si la madre del bebé hubiera tenido otras opciones, ¿habría elegido tirarlo con la basura?

Cada año, en Guatemala, por lo menos cinco niños son llevados al Hospital Roosevelt en las mismas condiciones que Juan Pablo.  ¿Cuántos serán llevados a otros nosocomios? ¿Cuántos pasarán inadvertidos y morirán en condiciones espantosas?

¿Cuántos podrían tener un mejor destino si la ley antiadopciones no hubiera cerrado otros caminos? Yo digo que los cuerpecitos fríos y los llantos lastimeros de aquellas víctimas deberían ser las pesadillas de todas las noches, de aquellos que promovieron e hicieron posible que las madres que no quieren a sus hijos no tuvieran mejores opciones que abortarlos, o abandonarlos luego de nacidos.

Comments

comments

1 comment

  1. […] raro, a este pequeño le fue mejor que a Juan Pablo, que en diciembre pasado fue abandonado en un basurero.  Y a ellos dos les fue mejor que a los 65 mil niños potenciales que son abortados cada año en […]