Tras “El señor presidente”

¿Qué tal una visita a El Pelele, donde estuvo el Portal del Señor? ¿Qué tal si exploramos los pasos de Camila y su padre, el general Eusebio Canales? ¿Qué tal si seguimos los de Migue Cara de Ángel? Eso sí, no quiero escuchar el llanto de Fedina, porque eso siempre, siempre me descompone.

El Portal del Señor a principios del siglo XX: La foto es de Guatemala del ayer.

Como parte del club de lectura El señor presidente que conduce Rodrigo Fernández Ordóñez en la Biblioteca Ludwig von Mises, el 29 de abril hicimos una visita al Palacio Nacional. ¿Por qué al Palacio? Porque ahí estaba ubicado el Portal del Señor, junto al Ayuntamiento virreinal. Tuvimos la dicha de que el arquitecto Álvaro Véliz guiara el paseo.

Lámpara del Salón de Recepciones del Palacio Nacional.

Sobre la Sexta calle, frente a donde estaba el lugar donde fue asesinado El Pelele, Álvaro nos habló sobre la configuración de la Plaza de Armas de la ciudad de Guatemala en tiempos de El señor presidente. Nos contó qué había exactamente donde hoy está el Palacio Nacional. Nos explicó que la Sexta calle hacia el oriente conecta con la iglesia de La Merced y es un eje importante en la novela, porque ahí se hallaban el bar El Tus-Tep y la casa del general Canales.

Detalles del Palacio Nacional.

El Tus-Tep es una taberna o fonda humilde y sórdida, frecuentada por personajes de distintos estratos sociales: policías, esbirros del régimen, gente del pueblo y conspiradores. Allí se bebe, se trama y se habla con libertad relativa, bajo la sombra del terror. Es un espacio de contrastes donde confluyen lo popular, lo marginal y los planes del poder.

La casa del general Eusebio Canales es una residencia grande y señorial, un caserón casi centenario ubicado en una esquina del barrio de la Merced, con balcones que dan a la calle principal y un portón para carruajes en la calle lateral. Tiene un aire de soberanía y antigüedad, propio de una familia de cierta posición militar y social.

Vitral de “La tentativa del león y el éxito de su empresa”.

Visita al Palacio Nacional

Nuestro guía distinguido tiene su estudio en el tercer piso del Palacio Nacional y conoce muy bien ese edificio que don Jorge Ubico inauguró el 10 de noviembre de 1943, el día de su cumpleaños. El diseñador principal fue el ingeniero Rafael Pérez de León.

Visitamos su interior espectacular, en el que se lucen los vitrales de don Julio Urruela. Los mismos ya están restaurados, luego de que la guerrilla los destruyera con un bombazo en 1980. También son notables los murales de Alfredo Gálvez Suárez, que Álvaro nos hizo notar que son falsos murales porque son desmontables.

Detalles del Palacio Nacional; y la Plaza de la Constitución y el bar El Portal.

No pudimos entrar al Salón de Banquetes, que es muy elegante, ni al Salón de Recepciones porque estaba en uso.

Siempre me ha encantado el Palacio Nacional, desde que lo conocí y lo frecuentaba en 1974 cuando me capeaba del colegio Inglés Americano, que entonces estaba en la Décima Calle y Cuarta avenida. Solía escapar de las clases de la tarde e ir a buscar turistas en el entonces Parque Central. Un par de veces me bajaron de la terraza los soldados y tengo muy buenos recuerdos de aquellas incursiones.

La leyenda dice que las cerraduras de las puertas principales tienen la huella digital de don Jorge Ubico.

De vuelta a nuestro tour de la semana pasada, visitamos el estudio de Álvaro Véliz y nos mostró algunos de sus planos. Desde ese estudio salimos a uno de los corredores exteriores del Palacio para disfrutar de una vista preciosa de la Plaza de la Constitución.

Al concluir la visita a aquel augusto edificio cruzamos la Plaza y nos dirigimos al Portal del Comercio y de ahí al Bar El Portal, ¿cómo iba a ser de otra forma? ¡De esta forma festiva, y cantando con un trío, terminó la aventura!

@luisficarpediem

Visita al Palacio Nacional con el club de lectura de “El Señor Presidente” y el arquitecto Álvaro Véliz; y luego…unas chibolas de mixta #historia #literatura #arquitectura #paseo #chapinesenusa🇬🇹💙🇺🇸

♬ Forzisimo – Adrián Berenguer

Y así, entre literatura, historia y buena conversación, cerramos otro capítulo de esos que hacen que valga la pena seguir caminando por esta ciudad que, a pesar de todo, todavía guarda secretos para quienes saben mirar. Gracias a Luis Andrés Schwartz por la invitación.

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