La cultura “woke” pasa factura

 

En 2017, la editora en jefe de la National Geographic Magazine anunció que una carátula woke de la revista le costó a la misma la pérdida de unos 10,000 suscriptores.  La noticia me llamó la atención porque ya desde los años 90 yo ya había perdido el interés por aquella publicación.  Yo, que en los años 70 esperaba con ansia febril su llegada por correo, yo que -según cuenta mi amigo, José Eduardo- no salía al recreo, en el colegio, por quedarme leyendo la revista.

La ilustración a tomé de https://xarxatic.com/pegagogia-woke/

Esta semana leí que Netflix perdió más de un tercio de su valor en la bolsa, digamos que unos US$ 54 millones, debido al rechazo de los suscriptores y accionistas que “están hasta el gorro” de la programación woke de ese canal que, en algún momento de su historia, era visto como un fenómeno imparable.

Debido a la orientación woke de la empresa, las acciones de Disney+ han perdido unos US$ 14 millardos como parte de reacciones de advertencia por parte de los suscriptores.  La magia de Disney -otrora una de las empresas más admiradas del mundo- está desapareciendo. También hay menos viajes a los parques.

La cultura woke ha infectado muchísimas instituciones e incluso empresas en muchas partes del mundo -incluida Guatemala-. Ha infectado las artes y la educación, el periodismo, las redes sociales virtuales y los deportes.  En ese ambiente el único antídoto para una filosofía corrupta e irracional como la del movimiento “woke” es una filosofía racional, apoyada en la razón, la lógica, la objetividad y el libre albedrío.

¿Estamos viviendo una reacción de esa naturaleza por parte de accionistas, suscriptores y clientes?

Seguro que es tiempo de que el liberalismo rescate causas legítimas como la igualdad de todos ante la ley y el antiracismo, aunque se incomoden sus socios desde el conservadurismo.  Quizá es tiempo de que los activistas colectivistas y constructivistas reconozcan que al despreciar el poder de la evolución social y forzar políticas en favor de sus intereses sólo han logrado alienar a posibles aliados y han dañado las causas que dicen defender.

Columna publicada en elPeriódico.

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