Siete leguas era el caballo que más estimaba Francisco Villa, según dice el corrido; siete son los días de la semana y siete son las vidas que tiene un gato. Siete son las notas musicales, siete son los colores el arco iris y siete son los pecados capitales.
Me llaman el siete mares, porque ando de puerto en puerto, dice una canción de José Alfreco Jiménez. Siete eran las maravillas del mundo antiguo y siete años de impunidad y de encubrimiento se recetó la Secretaría de Seguridad y Asuntos Administrativos de la Presidencia de la república, a sólo una semana de que se hicieran públicas las escándalosas compras de licor y alquileres de autos blindados que -durante la administración socialdemócrata de Los Colom-Torres/Espada, fueron hechas en esa dependencia con dinero de los tributarios.
¿Urge una ley anticorrupción y -para escarmiento de los corruptos- el acuerdo que permite aquel encubrimiento debe ser derogado.


