La Constitución de la República, en su artículo 4, dice claramente que ninguna persona puede ser sometida a servidumbre; por eso es que la noticia esa de que Los Colom están planeando forzar a los jóvenes a integrar una forma de servicio cívico es alarmante. La Administración está buscando poner en práctica una legislación que obliga a los jóvenes de entre 18 y 24 años a trabajar en distintos tipos de proyectos.
En principio este trabajo será voluntario y pacífico; pero tan pronto los políticos socialistas y sus funcionarios crean que pueden obligar a los jóvenes a hacerlo, lo convertirán en obligatorio y, por lo tanto, constituirá servidumbre. Y lo más bizarro es que según el ministro de Gobernación, Carlos Menocal, semejante proyecto pretende fomentar el respeto a los derechos humanos. Como si eso se pudiera hacer utilizando la coersión y la violencia; porque, si algún joven se negara a la sevidumbre, ¿sería forzado a ella?
En 1880 Juan Bautista Alberdi escribió que la omnipotencia del Estado o el poder omnímodo e ilimitado de la Patria respecto de los individuos que son sus miembros tiene por consecuencia necesaria la omnipotencia del gobierno en que el estado se personifica, es decir, el despotismo puro y simple; y esta pretensión de Los Colom es un ejemplo moderno de aquel deseo de omnipotencia.
La de movilizar unos 40 mil jóvenes sumisos al servicio del régimen no es una idea original de la socialdemocracia chapina. Regímenes como el de Cuba tienen sus juventudes rebeldes al servicio de la revolución. Hay juventudes revolucionarias en Nicaragua y Venezuela, por ejemplo. El tristemente célebre Pavlik Morosov ilustra el caso de uno de esos jóvenes cooptados por el estado para servir bajo el control político de quienes ejercen el poder. Por cierto que esta ley, de 2003, tiene su origen en los pactos de pacificación con la exguerrilla.
Claro que Los Colom no están hablando de juventudes revolucionarias…todavía. Hablan de servicio comunitario, para no espantar. Pero usted haga sus cuentas: Los Colom están haciendo suya la iconografía y los ideales de La Revolución; y en ese contexto, ¿para qué no querrían 40 mil patojos alineados? Y por cierto que uno de esos patojos, obligados a servir a los intereses políticos, bien podría ser uno de sus hijos.