A pesar de los esfuerzos de muchas organizaciones, hay quienes no piensan que deberían ser erradicadas todas las formas de trabajo de menores. Y, ¡sorpresa!, algunos de ellos son niños que trabajan. Agrupados en diversos movimientos nacionales, miles de chicos en América Latina se oponen a celebrar el Día mundial contra el trabajo infantil y en vez de eso les piden a las autoridades que se enfoquen en mejorar las condiciones de quienes trabajan.
Los niños que trabajan ayudan a mejorar el nivel de vida de sus familias mediante un trabajo sano, honesto y productivo no deberían temer por las políticas que proponen muchos burócratas internacionales y políticos. Habría, eso sí, que distinguir entre los empleos dignos y la explotación de menores, con la que no se puede estar de acuerdo.
El trabajo puede ser desútil; pero en sí no es negativo, ni dañino para la condición niños y adolescentes sino depende de las condiciones en que se trabaje. Trabajar puede ser positivo para la autoestima de los niños y para ayudarlos a crecer como personas, en vez de criarlos como víctimas.
Hasta ahora, los movimientos de niños trabajadores han tenido un éxito limitado a la hora de defender su derecho a trabajar como miembros activos de sus comunidades y de sus sociedades; pero a lo mejor es tiempo para pensar en el tema, sobre todo tomando en cuenta las preferencias culturales.








