La sustitución de Rodolfo Quezada por Oscar Vian, como arzobispo de Guatemala, puede ser un movimiento importante para la Iglesia Católica, si esa organización quiere alejarse de la imagen politizada y mediática que deja el Prelado que se va.
Con Quezada también se van Ramiro Pellecer y Mario Enrique Ríos Montt, obispos que tuvieron notable protagonismo político especialmente en los años 80 y 90.
Está por verse si el nuevo titular metropolitano es más prudente que su predecesor; y si se enfoca más en cuidar de su rebaño en el campo propio de la iglesia, o si cede a las tentaciones de la alfombra roja y de los reflectores. Está por verse si el nuevo Arzobispo se ocupa más de las almas de sus ovejas, que de caer en la tentación de ser la hoja de pacaya en cuanto intríngulis político se le atraviese.
Muchos católicos chapines creen que la Navidad es el 24 de diciembre, y que la Semana Santa es acerca de la muerte de Jesucristo y no de su resurrección, en buena parte porque sus pastores han estado más ocupados hablando de minería, de hidroeléctricas, de salarios, de impuestos, de la Revolución y de otras cosas mundanas en vez de ocuparse de lo que debería ser importante para un grupo de dirigentes religiosos y sus seguidores.
¡Suerte para el nuevo Arzobispo!




