Muchos de ustedes quizás no se acuerden; pero Guatel era la empresa estatal que tenía el monopolio de las telecomunicaciones hasta hace diez años. Durante los años en que Guatel controlaba aquellos servicios:
No había líneas telefónicas; había que hacer cola durante años para conseguir una y había que pagar mordidas. Sin embargo, unos pocos privilegiados, amigos y parientes del gobierno de turno, funcionarios, obispos y los muy ricos, sí tenían varias líneas a su disposición.
Si uno tenía la dicha de contar con línea telefónica, no siempre había señal. Aveces había que esperar unos segundos para que el teléfono agarrara señal.
En la mayor parte del país, no había servicio telefónico.
Los equipos eran viejos, cuando no viejísimos.
Había bodegas llenas de cables y otros equipos comprados innecesariamente por jefes de compras y por gerentes irresponsables.
Muchos se enriquecieron haciendo negocios con esa empresa estatal.
¿Cuál, sino este último motivo, podría ser la razón para revivir Guatel? Para hacer que el monstruo empiece a despertar se necesitaría un mínimo de $5 millones, ¿cuánto más costará esa aberración cuando ¡de nuevo! sea fuente de corrupción y de desperdicio?
El pretexto para reactivar Guatel es que “la telefonía rural no le interesa a la iniciativa privada”; lo cual es una tontera porque en las áreas rurales la gente tiene teléfonos móviles. ¿Para qué querrían arrendarle al estado las obsoletas líneas fijas?
Otro pretexto absurdo es que las escuelas públicas del país deberían tener acceso a Internet. Sí. ¡Por supuesto que sería genial que todas las escuelas tuvieran acceso a Internet; pero el estado es incapaz de proveerlas con maestros, pizarrones, escritorios, cuadernos, lápices y en muchos casos con un piso que no sea de tierra, o con paredes.