El Banco de Guatemala es uno de los peores fabricantes de miseria en Guatemala. Fabrica ese fenómeno monetario que se llama inflación y mediante ella les impone un tributo invisible a los chapines y les roba el poder adquisitivo de sus quetzales.
Luego de aquella maldad, el banco central intenta desfacer el entuerto que ha fabricado, mediante el alza en las tasas de interés. Y con ello encarece el crédito. En consecuencia, quienes están pagando sus casitas, y quienes querían ampliar la fábrica o mejorar los cultivos en las fincas, tienen que soportar una carga artificial.
Es evidente que la inflación y las tasas de interés altas castigan a los más vulnerables en el mercado, y no habría necesidad de subir las tasas si, en primer lugar, el Banguat no fabricara inflación.
Lo irónico es que en su propaganda, la administración socialdemócrata le echa la culpa del alza generalizada en el nivel de precios a los altos precios internacionales del petróleo y de los granos básicos (que la administración le atribuye a la especulación). Los pipoldermos no reconocen, ¡por supuesto!, que buena parte de aquella alza generalizada (que ellos llaman inapropiadamente inflación) es causada por la inflación propiamente dicha y que es fabricada por las autoridades monetarias chapinas.
Sin embargo, al elevar las tasas de interés para recoger exceso de liquidez (o sea la inflación que fabricó el Banco de Guatemala) los políticos reconocen implicitamtente el carácter monetario del fenómeno que le atribuyen a la especulación internacional.
Los pipoldermos podrían perderse en ese laberinto de inconsistencias y mentiras; y a nadie le importaría, si no fuera porque al fabricar inflación, y al fabricar cargas artificiales sobre los más vulnerables, no estuvieran fabricando -tambien- miseria para miles y miles de familias para quienes la vida en Guatemala es “un largo amanecer que nunca llega a ser día.”