La verdad sea dicha, aveces la mara se pone muy brincona contra los fotógrafos. A mí me pasó hace ratos en La Antigua; y a mi cuate, Jorge, le ocurrió también. Recientemente me pasó con turistas en la iglesia de Santo Domingo y en la Catedral. La mara se pone bien agresiva y si se lo hacen a uno, pues uno ya sabe a qué atenerse con esa clase de gente; sin embargo, cuando uno anda con turistas es particularmente bochornoso.
Dice Oscar Rivas, el autor de la foto, que mientras el corresponsal de la agencia internacional de noticias Efe tomaba fotos para dar a conocer las tradiciones guatemaltecas a todo el mundo, fue agredido verbalmente por miembros de la Comisión de Orden de la procesión de Candelaria.
El contexto es el siguiente: La procesión venía a más de tres cuadras atrás de donde estaba el fotógrafo que estaba tomando una foto de la fila de cucuruchos que espera el turno; no interrumpía el paso, tampoco estaba sobre la alfombra y mucho menos buscaba el enfrentamiento.
Sospecho que este fenómeno es propio de cuando algunas personas llegan a tener algo de poder. No hallan la hora de poder aplicarlo sobre cualquiera: un fotógrafo, o un turista. La gracia, para ellos, es la de ejercer la facultad de imponerse.
Uno entiende que deba haber orden en los cortejos, y que deba haber respeto en los lugares de culto; pero con los turistas, y en temporadas como la actual, los chapines somos anfitriones y no estaría de más que actuáramos con algo de civilidad…o con dos dedos de frente.







