Acabo de recibir una chulísima edición de Anthem, la novela de Ayn Rand en formato de novela gráfica. En esa obra distópica, la humanidad ha caído en una edad oscura en la que la civilización ha sido destruida por la envidia. La novela empieza con frases como It is a sin to write this. It is a sin to think words that no others think,… ¿Ves por qué es una obra muy apropiada para explorar una ética de la libertad? De esa novela es la frase célebre: I think, I am, I willl.
Anthem en versión de novela gráfica.
Anthem o Himno convierte en experiencia vivida lo que de otro modo permanecería como abstracción. Muestra que cuando se niega el Yo, se niega la posibilidad misma de una vida humana digna de ser vivida. Y al hacerlo, nos devuelve, con una claridad casi brutal, a la pregunta fundamental de toda ética de la libertad: ¿quién es el beneficiario último de la moral —el individuo o el colectivo?
En la sociedad del Nosotros, el pronombre Yo ha sido borrado del lenguaje. No existe propiedad, ni familia, ni vocación personal, ni pensamiento independiente. El individuo ha sido reducido a una célula más del organismo colectivo. El resultado no es una utopía de armonía, sino un mundo de miseria material, ignorancia deliberada, estancamiento tecnológico y terror psicológico. La novela no predica esto: lo muestra. Y al mostrarlo, invita al lector a enfrentar la pregunta ética fundamental: ¿qué tipo de código moral hace posible la vida humana?
Cuando el protagonista descubre la palabra Yo en un texto antiguo, la novela dramatiza el acto moral primario: la afirmación de la propia conciencia como soberana. El Yo no es egoísmo caprichoso ni narcisismo. Es el reconocimiento de que cada ser humano es un fin en sí mismo, no un medio para los fines de otros. El Nosotros de la sociedad distópica es, en realidad, la aniquilación del Yo: nadie puede pensar, inventar, amar ni valorar por cuenta propia. Al recuperar la primera persona del singular, el protagonista no solo se libera políticamente; se reconstituye moralmente. Recupera la capacidad de tener valores propios, de perseguir su propia felicidad, de sostener juicios independientes.
En Anthem o Himno, el lema We are all in one, and one in all sirve para justificar la supresión de cualquier logro individual, la persecución del pensamiento independiente y la nivelación hacia abajo.
El protagonista inventa la electricidad por su propio esfuerzo intelectual, en secreto y contra las reglas del colectivo. Cuando lo descubre el Consejo, no lo celebran: lo condenan. Porque el logro individual amenaza el mito igualitario. Esta escena es una lección ética magistral: el progreso humano no surge del sacrificio colectivo ni de la obediencia al bien común, sino de la mente individual trabajando para sus propios fines racionales. La ética de la libertad, por tanto, no es compatible con ninguna forma de colectivismo, por bienintencionado que se presente.
Anthem no es simplemente una novela distópica más: es una de las herramientas pedagógicas más precisas y poderosas que existen para comprender, de manera concreta y emocionalmente cargada, los fundamentos de una ética basada en la libertad individual. Dicho lo anterior, la novela gráfica acerca esas ideas fundamentales a un público más amplio.
¡Gracias a mi cuata, Adriana, por obsequiarme esta edición!
Esta edición gráfica no solo embellece la historia, sino que la hace más accesible. En tiempos donde el nosotros sigue usándose para aplastar al individuo, volver a Anthem es un recordatorio urgente de que la libertad comienza —y termina— en el Yo.
En un álbum de felicitaciones para el presidente don Manuel Estrada Cabrera encontré un tesoro de recuerdos familiares e históricos que une a dos ramas de mi familia alrededor de un suceso trágico y de otro festivo. Los personajes involucrados son mi tatarabuelo, Federico Chacón Valenzuela, y mi bisabuelo, Doroteo Hidalgo Santizo. En la historia —que ocurre el 21 de noviembre de 1912— también participan el presidente Jorge Ubico Castañeda, entonces jefe político de Retalhuleu, y mi tío abuelo Manuel Hidalgo Cabrera.
Album de celebración del cumpleaños 55 de Manuel Estrada Cabrera, en 1912.
1912 fue un año terrible para Estrada Cabrera porque el 8 de noviembre de ese año se suicidó su hijo Francisco; sin embargo, el 21 de noviembre de ese año fue el 55 cumpleaños del dictador. En el espíritu adulador que suele rodear a los mandatarios, y en especial el que rodeaba al presidente que nos ocupa, muchos guatemaltecos y extranjeros se vieron en el brete de felicitarlo por su cumpleaños, pero en el marco del duelo que vivía por la muerte de su hijo.
Mi abuelita Juanita y mi tía abuela La Mamita contaban que el 21 de noviembre era un día de gran fiesta no sólo familiar, sino de estado. El besamanos oficial se mezclaba con las celebraciones íntimas en medio de comidas, música e infinidad de arreglos florales que llegaban a la casa del mandatario. Sospecho que las tarjetas que forman parte del álbum citado arriba acompañaban aquellos arreglos. También llegaban cartas, telegramas y poemas dedicados al Benemérito de la Patria.
Carta de Doroteo Hidalgo a Manuel Estrada Cabrera.
Ahora te cuento de los mensajes que motivaron esta entrada.
El primero está fechado 21 de noviembre de 1912 y dice:
Sr. Lic. Don Manuel Estrada C. Presidente Constitucional de la República Ciudad
Respetable señor:
Tengo el honor de saludarlo, deseando que se encuentre mejor de su salud. Lo acompaño en este día, por ser fecha de dolorosa recordación que para usted antes era de gran felicidad. Como tanto me han engañado, no le creí nada a don Alfredo. Yo estoy a sus órdenes, y lo que usted mande lo haré, pues sabe que lo quiero y lo respetaré como a mi padre, porque siempre lo ha sido.
De usted, afectísimo y seguro servidor, Doroteo Hidalgo.
Doroteo Hidalgo fue esposo de mi bisabuela Gilberta Cabrera y ella era hermana del presidente Manuel Estrada Cabrera, ambos hijos de mi tatarabuela Joaquina Cabrera. Doroteo y Gilberta eran padres de mi abuela, Juana Hidalgo de Jurado, que se casó con Jorge Jurado Reyes y ambos fueron padres de mi mamá, Nora.
Doroteo le da el pésame al mandatario y hace una observación: Como tanto me han engañado, no le creí nada a don Alfredo; y por supuesto que me asalta una pregunta… ¿cuál era la naturaleza de los engaños?
Nota de Federico Chacon V. a Manuel Estrada Cabrera.
El segundo mensaje tiene la misma fecha que el anterior y dice: Federico Chacón V. felicita al Sr. Presidente Constitucional de la República, deseándole muchos años de vida y que la Providencia mitigue su cruel dolor.
Federico Chacón Valenzuela casado con Jesús Ubico y González fue el padre de mi bisabuelo, Federico Chacón Ubico. Él fue el primer esposo de mi bisabuela Adela Schuman Hart, ambos padres de mi abuela, Frances Chacón de Figueroa, madre de mi papá, Luis. Federico Chacón Ubico era primo de Jorge Ubico Castañeda.
Invitación, de Jorge Ubico, para la celebración del cumpleaños de Manuel Estrada Cabrera.
El tercer documento es una invitación firmada por Jorge Ubico Castañeda, jefe político de Retalhuleu, y por Eduardo Pérez F., alcalde 1º municipal. La misma dice:
Tenemos la honra de invitar á Ud. para que se sirva asistir el día 21 del corriente, á las 8 a. m., cumpleaños del señor Presidente Constitucional de la República, al Salón de Sesiones del Ayuntamiento, con objeto de dirigir un telegrama á aquel alto Funcionario y declarar inauguradas, en conmemoración de esa fecha las obras siguientes: En esta Ciudad: La 10ª Avenida; la prolongación y ampliación de la 9ª Avenida y de las Calles 5ª, 6ª, 8ª y 9ª; el Puente sobre el Río “Bolas” en la 9ª Avenida y el Nuevo Cementerio. En San Felipe: Una parte del Edificio destinado para las Oficinas públicas. En San Sebastián: El alumbrado público. En San Andrés: El Edificio para las Escuelas y un Jardín Escolar. Con motivo del duelo del señor Presidente Constitucional de la República, los festejos preparados tendrán verificativo el 9 de Febrero próximo. Somos de Ud. muy Attos. y Ss. Ss.
Telegrama de Jorge Ubico a Manuel Estrada Cabrera, parte 1.
Telegrama de Jorge Ubico a Manuel Estrada Cabrera, parte 2.
El cuarto documento es un telegrama íntimamente relacionado con el anterior. Está fechado el 21 de noviembre de 1912 y fue recibido en la Casa Presidencial ese día a las 10:00 a. m. y dice:
Al Señor Presidente:
Señor:
En virtud del reciente acontecimiento que ha llenado de duelo vuestro hogar y por el cual nunca estaréis consolado, se han suspendido en este departamento las demostraciones de regocijo que se tenían preparadas para celebrar, como se merece, el aniversario de vuestro nacimiento. Sin embargo, siendo de todo punto imposible dejar de hacer algo en una fecha tan querida para todos los guatemaltecos, se inaugurarán en conmemoración las siguientes obras: En esta ciudad: la prolongación de la décima avenida con ampliación de la novena avenida, y de las calles 5.ª, 6.ª, 7.ª y 9.ª; un puente sobre el río “Bolas”; y el nuevo cementerio. En San Felipe: una parte del edificio destinado para las oficinas públicas. En San Sebastián: el alumbrado público. En San Andrés: el edificio para las escuelas y un jardín escolar.
Vuestro Leal Servidor, Jorge Ubico.
Carta de la Escuela Práctica de Varones para Manuel Estrada Cabrera. Parte 1.
Carta de la Escuela Práctica de Varones para Manuel Estrada Cabrera. Parte 2.
Carta de la Escuela Práctica de Varones para Manuel Estrada Cabrera. Parte 2. En esta página está la firma de mi tío abuelo, Manuel Hidalgo.
El último documento dice:
La Escuela Práctica de Varones “Estrada Cabrera” A su Ilustre Fundador:
El 15 de Septiembre es la fecha de la libertad: la celebra el patriotismo. — El 15 de Marzo es la fecha de la legalidad: la celebra la democracia. — El 2 de Octubre es la fecha de una era de regeneración nacional: la consagra la justicia. — El 21 de Noviembre es el día del afecto y de la gratitud. — No es sólo una fiesta que se contrae al círculo íntimo de las expansiones familiares. — No pertenece sólo al hogar: es de la nación. —
El alma de Guatemala tiene vibraciones simpáticas para quien la lleva al engrandecimiento por el progreso y á la consolidación de sus mejores conquistas por la paz; para el que lleva por todas partes el acercamiento de los rieles y la luz de las escuelas; para el enérgico defensor de su integridad é incansable difusor de su cultura.
La niñez, en especial, rodea á su protector y amigo; él le ha dado Fiestas de Minerva y Escuelas Prácticas: la belleza de la flor á la par de la madurez del fruto. — El Señor Presidente Estrada Cabrera, tiene ya la más hermosa de las recompensas, aquella que sólo obtienen los grandes educadores: la sanción del porvenir. — El pasado y el futuro han cincelado su noble blasón de estadista. —
La Escuela Práctica de Varones, que se honra y se enorgullece de llevar el preclaro nombre de Estrada Cabrera, le significa una vez, en su día onomástico, á su ilustre fundador y protector, la expresión más sincera, más respetuosa, de profundo cariño y adhesión inquebrantable. — Y tanto más está con él cuanto que hay sombra de luto en su hogar, antes feliz y hoy herido de nuevo por la fatalidad de la desgracia. — Los dolores del Mandatario lo son también de la Escuela, que no olvida ni puede olvidar cuánto le debe. —
Reciba el Señor Presidente este recuerdo, en el que el destino ha querido poner la tristeza de un pésame.
Lo firman docentes de aquella escuela y entre las firmas me llamó la atención la de Manuel Hidalgo Cabrera, hermano de mi abuelita Juanita.
Al hojear el álbum es fácil darse cuenta de cómo las grandes fechas nacionales se entrelazan con las historias personales de quienes las vivieron. Telegramas, invitaciones y dedicatorias que, más allá de la formalidad, guardan el peso de lealtades y duelos, así como las de las complejidades de un tiempo en el que lo público y lo privado no siempre se separaban con claridad.
Gracias a Luis Andrés Schwartz y a @lic_mec/ por las pistas.
basura / RepúblicaGt — Comentarios desactivados en La basura no desaparece 03 Jul 26
Cuando viajas por los caminos polvorientos de la patria, no es raro encontrar que en las inmediaciones de muchas poblaciones hay tiraderos de basura junto a las carreteras y ahí llegan camiones a depositar desechos. Por supuesto que las cunetas de muchas carreteras también están llenas de todo tipo de basura.
Basura bajo el histórico Puente de los Esclavos.
Eso no es raro porque si caminas por las calles de muchas poblaciones vas a encontrar lo mismo: basura, basura, basura. Incluso en los patios de las casas: llantas usadas, baldes rotos, latas de leche en polvo, trapos, alguna bicicleta vieja y más basura.
Date una vuelta por la fiesta patronal de casi cualquier pueblo y lo que vas a ver por todas partes son hojas de tamales, elotes desgranados, pañales usados y otras inmundicias.
Sin ir muy lejos, una vez a la semana, al otro lado de la calle de mi casa, amanecen bolsas negras llenas de basura. Sospecho que por la cantidad no se trata de residuos domésticos y apuesto una ceja a que los responsables de ese abuso son de alguna empresa a la que no le costaría mucho pagar un servicio de extracción de basura. En casa de mis padres y en las casas de mis abuelas, desde que yo era niño, llegaban los basureros con sus costales y se llevaban la basura en camiones amarillos. Mi tía abuela, Baby, una vez detuvo el carro en el que íbamos porque uno de mis primos arrojó un envoltorio en la carretera. La cultura de disponer bien de la basura se aprende desde que uno es chico.
Cuento esto porque la semana pasada participé en buena parte delRepública Summit de Sostenibilidad 2026: La basura, el reto pendiente. En esa actividad se expusieron datos escalofriantes y culminó con una observación inquietante: Fíjate que todos somos responsables de la basura. Tú, y yo. Todos.
A partir de ahí, te comparto otras ideas que se expusieron durante el encuentro: el manejo apropiado de la basura es un problema político y constituye una deuda del gobierno y de las municipalidades con los electores y los tributarios; pero la solución va por la vía de los incentivos y no por la de los castigos. Las leyes punitivas no van a cambiar la cultura de la gente, ni la de las autoridades a cargo del asunto.
El panel que escuché estuvo integrado por representantes de la cadena ignorada que limpia la ciudad: los recolectores y transportistas de desechos sólidos, así como los recicladores base. Los miembros de esta cadena que ya existe, no deben ser ignorados en cualquier solución que sea explorada.
El que mucho abarca, poco aprieta: los guatemaltecos podemos reducir sustancialmente el impacto de la basura si tan solo hubiera incentivos para tratar lo biodegradable. Y hablando de incentivos, el sector privado sería un aliado estratégico en cualquier ruta que se explore para el manejo de residuos.
República Summit de Sostenibilidad 2026: la basura el reto pendiente.
Durante mi permanencia en el foro también escuché siete modelos que tienen impactos positivos en el manejo de la basura: Proverde, Castillo Hermanos, BAC, Cayalá, Desarrollo en Movimiento, Revo y Grupo AG. Esos modelos muestran diferentes vías para gestionar residuos: coprocesamiento, reciclaje de plástico, financiamiento sostenible, valorización urbana, rescate de alimentos, recuperación de vidrio y reciclaje de chatarra. Todos con visiones de largo plazo.
Haces ratos un amigo le preguntó a un alcalde que por qué había tanta basura en las afueras del pueblo; y lo que el munícipe contestó fue: Es que aquí no hay río. ¿Ves? En todo caso, el manejo de la basura no se va a arreglar con proyectos aislados. Este asunto desagradable requiere de una estrategia nacional capaz de inspirar e integrar a las personas, empresas, municipalidades y autoridades. Porque la basura no desaparece; solo cambia de lugar cuando no se administra con responsabilidad.
Lo cierto es que la basura no se arregla con discursos, ni con proyectos aislados. Mientras no se alineen los incentivos para que la gente, las empresas y las municipalidades hagan lo correcto porque les conviene, y no solo porque les multan, seguiremos viendo vertederos junto a las carreteras y bolsas negras frente a las casas. Cadenas de soluciones ya existen; lo que falta es dejarlas trabajar y construir sobre lo que ya da resultados.
Ayer me puse intenso, así que hoy les recomiendo algo con más de comedia dramática, aunque no por ello menos profundo. Les recomiendo la serie argentina Nada, protagonizada por el tristemente recién fallecido Luis Brandoni como Manuel Tamayo Prats y por Robert De Niro como Vincent Parisi.
“Nada” está en Disney+ y es una miniserie cortísima.
Si visitas Carpe Diemcon frecuencia, recordarás que soy cocinero y comelón por lo que aprecié grandemente el encanto culinario de Nada. Dice Manuel: Las recetas y los sabores no son solo comida, son un idioma, la verdadera historia de nuestra gente.
Seguramente también tendrás en mente que -en términos de ética de la libertad- la vida del individuo racional es el estándar del valor. Entonces la moral no consiste en sacrificarse por los demás, ni en someterse a mandatos externos, sino en actuar de acuerdo con la naturaleza del hombre como ser pensante que debe producir los valores que sustentan su existencia y su felicidad. Las virtudes cardinales —racionalidad, productividad y orgullo— no son ideales etéreos, sino requisitos prácticos para la vida y el florecimiento.
¿De que va Nada?
Manuel Tamayo Prats es un crítico gastronómico, un bon vivant porteño y un dandy que ha construido una vida de placeres intelectuales y estéticos. Durante más de cuarenta años, su empleada doméstica, Celsa, gestionó admirablemente todos los aspectos materiales de su existencia, ya que cocinaba según sus estándares exigentes, mantenía la casa y resolvía lo cotidiano. Manuel vivía como si la realidad práctica no lo tocara; de modo que su mente podía dedicarse al juicio estético sobre la comida, el arte y las ideas, mientras otro cuerpo y otra mente sostenían la infraestructura de su vida.
Cuando Celsa muere, ese andamiaje se derrumba. Manuel debe contratar a Antonia, una joven paraguaya sin experiencia, y descubre que no sabe —o ha olvidado— cómo vivir por sí mismo. No sabe cocinar, planchar, ni organizar su día a día. Su independencia intelectual y profesional resulta ser parcial: ha externalizado la supervivencia material básica. ¡Antonia es una joya que brilla con luz propia en la serie!
Desde una ética de la libertad, este conflicto es profundamente instructivo. La independencia no es solo pensar por uno mismo en abstracto. Es la virtud de sostener la propia vida con el propio esfuerzo y juicio en todos los ámbitos relevantes. El hombre independiente es aquel que no necesita que otros piensen ni actúen por él para existir como ser humano. Manuel había delegado la acción productiva cotidiana. El pago del salario de Celsa no borra el hecho de que, durante décadas, su capacidad práctica se atrofió. La división del trabajo es legítima y beneficiosa en una sociedad de personas libres; pero solo cuando quien delega conserva la competencia y la responsabilidad última sobre su vida. Cuando la delegación se convierte en abdicación, el individuo se vuelve vulnerable y, en sentido moral, segundo de a bordo de su propia existencia.
Nada como oportunidad moral
El título puede leerse como un eco de tradiciones existencialistas o nihilistas que salpican cierta cultura contemporánea: la idea de que, quitadas las ilusiones y las estructuras, queda la nada. Desde la perspectiva de una ética de la libertad, esa lectura es errónea y peligrosa. La nada no es un dato metafísico. La nada, no nadea como dijo Martín Heidegger; es el resultado de la inacción, o de la negativa a ejercer la razón y la voluntad. Ante la muerte de Celsa y el colapso de su rutina, Manuel tiene dos caminos: resignarse al vacío, quejarse del mundo y seguir dependiendo de otros (o de la suerte), o afirmar su vida mediante la acción productiva y el aprendizaje.
La serie, en su tono de comedia dramática, muestra el segundo camino: el esfuerzo torpe, a veces ridículo y a veces conmovedor, de un hombre mayor que debe reaprender a vivir. Ese esfuerzo es un acto de virtud. La productividad no se limita a escribir un libro, o a emitir un juicio crítico brillante; incluye también la capacidad de mantener el propio hogar, preparar una comida decente, ordenar el propio espacio. Son actos de auto-sostenimiento que honran la vida como valor último.
Dependencia, autoestima y relaciones voluntarias
Nada también es una exploración bella de la amistad por medio de la relación de Manuel con Vincent Parisi, viejo amigo que narra e interviene. La amistad no es un deber ni un sacrificio mutuo. La amistad virtuosa, de Aristóteles, es una relación voluntaria entre personas que se admiran por sus valores y que encuentran en ella un beneficio recíproco. El vínculo entre Manuel y Vincent tiene esa naturaleza: respeto antiguo, memoria compartida y reconocimiento de cualidades. No es altruismo disfrazado, ni codependencia emocional.
En contraste, la dependencia prolongada de Celsa —incluso siendo una relación laboral legítima— había erosionado en Manuel una parte de su autoestima práctica. La autoestima no es sentirse bien consigo mismo sin causa; sino el orgullo que resulta de vivir según los dictados de la razón y de ser capaz de enfrentar la realidad sin muletas permanentes. Cuando Manuel comienza a hacer las cosas por sí mismo, aunque sea torpemente al principio, está recuperando esa autoestima. Está demostrando, tarde pero de manera real, que su vida le pertenece y que puede hacerse cargo de ella.
Lecciones para la ética de la libertad
Como Nada es una obra de arte funciona como un espejo útil para nuestra reflexión sobre el sentido de vida. Nos recuerda que la libertad política —el sistema de derechos individuales— presupone individuos capaces de ejercer esa libertad. Un hombre que no puede sostener su propia vida cotidiana sin que otro lo haga por él está mal preparado para la responsabilidad que implica ser ciudadano de una sociedad de personas libres. La dependencia crónica, incluso cuando es pagada, genera fragilidad y, a escala social, demanda de sistemas coercitivos que suplan lo que el individuo no cultiva en sí mismo.
La serie también ilustra, con humor y sin grandilocuencia, que el cambio es posible cuando la realidad impone sus términos (reality bites) y el individuo elige responder con razón y esfuerzo en lugar de con evasión, o resentimiento. Manuel no es un héroe Objetivista perfecto —tiene vanidades, rigideces y una cierta ceguera ante su propia situación financiera y práctica—, pero muestra un principio básico: la vida exige acción constante. No hay nada que justifique la pasividad cuando uno aún puede pensar y actuar.
Luis Brandoni, extraordinario
Luis Brandoni apoyaba ideas como la de un gobierno limitado, la reducción del déficit, el recorte a los subsidios incluidos los del arte y la desregulación porque nos merecemos que las cosas vaya bien. Aunque espresó reservas sobre la retórica del presidente Javier Milei, lo apoyaba por las razones citadas. En los años 70 estuvo exiliado.
Prepárate porque te voy a recomendar una serie inteligente, emocionante y perturbadora: Los testamentos: De las hijas de Gilead. Está en Disney+ y sólo está disponible la primera temporada. Aunque es una secuela de El cuento de la criada(que no he visto) se puede ver perfectamente sin aquel antecedente. Los testamentos no es entretenimiento ligero, sino que es un laboratorio moral y político que nos permite diseccionar qué ocurre cuando una sociedad abandona la razón como guía y somete al individuo a un colectivo místico armado con el poder del Estado.
La serie puedes verla en Disney+. La foto la tomé de IMDB.
El tema es de mucha actualidad porque, como reacción a los excesos y absurdos de la agenda woke que ha estado omnipresente durante más de una década, de repente uno nota brotes inquietantes de conservadurismo religioso.
Gilead, pues, es una teocracia totalitaria que surgió luego del colapso de la sociedad anterior (caracterizada por crisis ambientales, políticas y de natalidad) y que se impuso mediante un golpe de estado envuelto en lenguaje bíblico.
En la serie vemos chicas como Agnes —educada desde niña en la piedad y la obediencia— y Daisy, una recién llegada desde el mundo exterior, que conviven en una academia preparatoria de élite dirigida por mujeres adultas llamadas Tías. Allí se forma a las futuras esposas de los Comandantes. La obediencia se impone con justificación divina, el pensamiento crítico es castigado y las relaciones humanas —con serias limitaciones— se convierten en el único espacio posible de resistencia.
La Tía Lydia dirige la academia y es pieza clave del aparato de control. Su presencia es fundamental porque encarna una pregunta ética incómoda: ¿hasta dónde llega la capacidad humana de racionalizar la colaboración con el mal cuando está en juego la propia supervivencia y el estatus?
Desde la perspectiva de una ética de la libertad, Los Testamentos ilustra con crudeza cinco verdades fundamentales:
El de Gilead no es un régimen religioso en el sentido espiritual; sino un sistema que ha secuestrado textos antiguos para justificar el poder arbitrario de una élite. La fe —entendida como aceptación de afirmaciones sin evidencia— reemplaza a la razón como herramienta de conocimiento. Cuando la razón se abandona, cualquier atrocidad puede ser justificada mediante la apelación a la voluntad divina, o al bien del orden. Esto no es accidente: es la consecuencia lógica de subordinar la mente individual a una autoridad trascendente, o colectiva.
Frases como Bendito día, Por su mano, Bendito sea el fruto y su respuesta Que Él permita que madure, Los pecadores siempre son visibles a los ojos Divinos, Con su mirada y Alabado sea su milagro, ilustran lo comentado arriba.
En Gilead las mujeres (y en menor medida los hombres de rangos inferiores) son tratadas como medios, no como fines. Sus cuerpos, su fertilidad, su capacidad de leer, o elegir su destino le pertenecen al Estado-teocracia. No existe derecho a la vida propia, a la libertad de pensamiento, ni a la búsqueda de la felicidad personal. Todo está subordinado a la misión reproductiva y moral del régimen.
Desde una ética de la libertad esto es inmoral en su raíz: los derechos no se otorgan por decreto divino, ni por tradición; se derivan de la naturaleza del ser humano como ser racional que necesita libertad para pensar, producir y vivir. Iniciar fuerza contra un individuo inocente —por muy sagrada que sea la excusa— destruye la base de toda moralidad civilizada.
Uno de los aciertos más perturbadores de la serie es mostrar cómo muchas personas —especialmente mujeres en posiciones intermedias— colaboran activamente con el sistema. No siempre por sadismo, sino por miedo, ambición de estatus, deseo de seguridad, o convicción de que así están las cosas.
Esto el Objetivismo lo ha advertido siempre: el altruismo y el colectivismo no producen santos, sino que producen tiranos y sus cómplices. Cuando se acepta que el individuo debe sacrificarse por un bien mayor (ya sea un dios, la Nación, la Revolución, o la Fertilidad Nacional), se abre la puerta a que cualquier grupo con poder defina qué es ese bien y exija el sacrificio de los demás.
Frente a la opresión, la serie muestra que la chispa de resistencia no surge principalmente de proclamas colectivas, o de identidades de grupo, sino de mentes individuales que se niegan a renunciar por completo a la realidad. El acto de dar testimonio —de escribir, recordar y transmitir la verdad— es, en el fondo, un acto de afirmación de la mente.
Las alianzas que se forman entre las jóvenes protagonistas no son meramente solidaridad femenina. Son relaciones entre personas que, a pesar del indoctrinamiento, descubren que pueden pensar, cuestionar y confiar en alguien más sin traicionarse a sí mismas. Eso es profundamente compatible con la visión de una ética de la libertad: esto es que la libertad comienza en la mente de cada individuo y se extiende a través de relaciones voluntarias basadas en valores compartidos.
Sólo he visto la primera temporada; pero Los Testamentos sugiere que Gilead lleva en sí las semillas de su propia destrucción. La corrupción, la hipocresía de la élite, las contradicciones entre la propaganda y la realidad vivida, y la imposibilidad de suprimir indefinidamente la naturaleza racional del ser humano acaban generando grietas.
Esto no es optimismo ingenuo; sino el reconocimiento de que cualquier sistema que niega la realidad objetiva y la naturaleza humana está condenado a la inestabilidad. Los regímenes que se basan en la fuerza y la mística pueden durar décadas, pero pagan un precio creciente en sufrimiento, ineficiencia y eventual colapso. Eso lo estamos viendo en vivo y en cámara lenta al ver el colapso de Cuba.
¿Qué podemos aprender de esta serie?
Nunca hay que subestimar el poder del misticismo político, sea religioso, o secular. Cualquier ideología que exija lealtad a un grupo por encima de la evidencia y la razón individual es un peligro potencial.
La educación importa. La academia de las Tías es un caso extremo de indoctrinamiento. La alternativa es una educación que forme mentes independientes, capaces de pensar por sí mismas y de defender sus derechos.
La resistencia más efectiva no siempre es la más ruidosa. A menudo comienza con personas que se niegan a traicionar su mente, que preservan la verdad aunque sea en secreto, y que construyen relaciones basadas en la confianza mutua y no en la coacción.
El egoísmo racional —entendido como la preocupación moral por la propia vida, la propia felicidad y la propia integridad— es la mejor defensa contra el sacrificio impuesto por cualquier causa superior.
La serie muestra, con claridad, que cuando se destruye la razón y se niega la individualidad, el resultado no es paraíso moral, sino un infierno burocrático y teocrático donde todos pierden, incluso los que creen estar en el poder.
No es feminismo woke
Como en la serie los hombres oprimen a las mujeres, no va a faltar quien interprete Los Testamentos a través de una lente feminista, e incluso woke. Sin embargo, esa interpretación es parcial, reduccionista y, en última instancia, incompatible con un análisis desde los principios de la razón y los derechos individuales.
La serie puede ser leída como una crítica al patriarcado teocrático y a cualquier sistema que niegue la autonomía corporal y mental de las mujeres. Esta lectura tiene un núcleo válido: cualquier régimen que inicia fuerza contra las mujeres por el hecho de ser mujeres viola sus derechos individuales. La defensa de la libertad de las mujeres es una consecuencia directa de la defensa de los derechos individuales, no una causa separada.
Una lectura woke tiende a convertir una advertencia contra el totalitarismo teocrático en un panfleto contra el hombre y pierde de vista lo esencial: Gilead no es el producto del patriarcado entendido como conspiración masculina, sino del rechazo a la razón y de la subordinación del individuo a un colectivo místico (en este caso, una interpretación arbitraria de textos religiosos convertida en ley estatal).
Sin embargo, desde una ética de la libertad los derechos de las mujeres no requieren una teoría feminista especial. Se derivan del mismo principio que los derechos de los hombres: el derecho a la vida, a la libertad, a la propiedad y a la búsqueda de la felicidad de cada individuo racional.
La opresión en Gilead es inmoral porque viola derechos individuales, no porque sea misógina en un sentido identitario. La misma estructura de poder violaría derechos si se aplicara a cualquier grupo.
La resistencia más efectiva que muestra la serie no surge de la conciencia de género colectiva, sino de mentes individuales (Agnes, Shunnamite y Daisy) que se niegan a falsear la la realidad, incluso cuando eso implica riesgo personal. Eso es egoísmo racional en acción, no activismo identitario.
Interpretar la obra principalmente como feminista woke confunde una crítica al totalitarismo con una crítica a la civilización occidental, o al capitalismo, cuando en realidad Gilead representa lo contrario de ambos.
En todo caso, la mejor defensa de las mujeres —y de los hombres— sigue siendo la misma: una cultura que reconozca que cada persona es un fin en sí misma y que la violación del principio de no agresión siempre es inmoral.
La brújula dorada
Los testamentos, de alguna manera, me recordó La brjujula dorada, una peli de 2007. El tema de esta es una aventura estimulante que ilustra el conflicto enre la libertad individual y el poder coercitivo. En La bújula, un poder teocrático llamado el Magisterio representa el colectivismo teocrático: una institución que usa el miedo, la censura y la violencia para mantener el poder, al suprimir la razón, la curiosidad y el desarrollo individual. Desde una ética de la libertad, la peli es una crítica certera al misticismo y al altruismo sacrificial que exige que el individuo se someta al bien mayor, o a dogmas revelados. Advierte, precisamente, cómo las religiones y los estados totalitarios exigen renuncia a la mente propia. Lyra —la protagonista— encarna las virtudes de la independencia y la integridad porque confía en su razón (la brújula como símbolo de búsqueda de verdad) y rechaza la obediencia ciega.