06
Dic 25

Tradiciones de arbolito en casa

 

En casa, el día en que ponemos el arbolito tradicional es fiesta. Lo tomamos muy en serio y celebramos el solsticio de invierno, yuletide, Navidad, las saturnales y otras fiestas de fin de año con pinabete y decoraciones tradicionales. El pinabete tradicional no solo nos trae su aroma encantador unido al de las manzanillas, sino que su color y sus formas, así como las luces y las figuras que lo adornan, nos traen muchos recuerdos y son símbolos de paz y de amor.

El aroma del pinabete y de las manzanillas alegra la casa.

El arbolito tiene que ser Abies guatemalensis y  a su lado no pueden faltar los chinchines, la tortuga y otros objetos que nos conectan con nuestras historias propias, nuestras infancias y con las generaciones que nos han precedido. El niño que incluimos entre aquellas decoraciones representa nuestra confianza en un universo benevolente, nuestra esperanza por un futuro mejor y la alegría que traen a casa las nuevas generaciones.

Hoy fuimos a traer el arbolito a El Encanto de Tecpán. Esos árbolitos nos gustan mucho porque son frescos, su aroma es espectacular y cada uno que viene tiene su propio caráctacter.  A la hora de escoger el que nos acompañará a casa no sólo es importante su belleza, sino eso que la gente llama su personalidad. 

Para los que vienen por primera vez:

En las casas de mis abuelas y de mis padres no siempre hubo pinabetes. De cuando yo era niño recuerdo varios árboles inolvidables. En casa de mi abuelita Juanita me es imposible olvidar unos chiribiscos hermosamente adornados con cabello de ángel (aquel cabello de ángel, de verdad, que era de fibra de vidrio) y con luces en tonos pastel. También recuerdo los pequeños árboles que ella, y mi tía abuela La Mamita, solían montar -con primor extraordinario- para mi hermano y para mí, junto a nuestro propio nacimiento en miniatura.

En la casa de mi abuela, Frances, recuerdo que los árboles eran generalmente pinabetes, o cipreses. A veces eran adornados con nieve elaborada en la casa con un jabón que venía en escamas; árboles siempre llenos de figuras variadísimas y algunas muy antiguas, así como con luces de colores. Allá algunos de aquellos árboles eran tan altos que mi padre y mi tío Freddy tenían que usar escalera para llegar hasta arriba y distribuir bien las luces y las figuras.

En la casa de mis padres tuvimos gran variedad de arbolitos. Aunque los favoritos eran los pinabetes, también tuvimos cipreses y creo que algún pino. Los pinos no me gustaban porque, a pesar de que olían rico, se ponían tristes rápidamente y también tuvimos algún chiribisco plateado. En algún momento de principios de los años 70 se pusieron de moda unos árboles que ya venían nevados y tuvimos uno de esos. Y en los malos tiempos tuvimos un árbol prestado, y un árbol simbólico, hecho con chorizo de pino, en la pared.

En casa es tradición que cada año compramos un adorno nuevo y lo incorporamos a los que ya tenemos. Hay adornos variados: dos hawaianas, uno que muestra a Odin, otro de La rebelión de Atlas, uno del barco Estrella de la India, una estrella de Santa Catarina Palopó, varios con motivos propios de la temporada, unos con mapas, y así. Los de 2023 fueron vintage, hechos de hojalata y pintados como de principios del siglo XX. Ese año fueron un animalito al que le digo El tacuacín, acompañado de otras figuras encantadoras.

@luisficarpediem

Empieza la fiesta. Ya hay árbol de navidad #arboldenavidad #navidad #solsticiodeinvierno #luisfi61 #fiesta

♬ Oh Albero – O christmas tree – La Brigata Canterina

En esta temporada, el pinabete no solo adorna nuestras casas, sino que nos recuerda la importancia de las tradiciones que unen generaciones, el valor de la paz familiar y la esperanza que renace cada fin de año. ¡Que esta Navidad llene tu hogar de aroma a pinabete, recuerdos entrañables y amor!


05
Dic 25

Puntos para el Banguat

 

¡Chapó para el Banco de Guatemala! Porque rechazó la pretensión del Organismo Ejecutivo de usar US$40 millones de las reservas monetarias internacionales para financiar la adhesión de nuestro país al Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, con sede en Venezuela.

¿Por qué querrían los chapines que el gobierno sea accionista del CAF? La ilustración es de Grok.

Según el Ministerio de Finanzas —por medio del Presupuesto para políticos y burócratas 2025— se le podía ordenar al Banguat que entregara las RMI para la compra de acciones de aquel órgano. Pero el banco central se puso los pantalones y dijo que siempre no, porque lo prohíben tanto la Constitución, artículo 133 como la Ley Orgánica del Banco de Guatemala, artículo 71c. De hecho, la Junta Monetaria prepara una acción de inconstitucionalidad contra la pretensión del Ejecutivo.

Para garantizar la estabilidad monetaria, cambiaria y crediticia del país, la Junta Monetaria no podrá autorizar que el Banco de Guatemala otorgue financiamiento directo o indirecto al gobierno.

Esta disposición protege el valor del dinero que tienes en la billetera y el de tus ahorros, porque cuando el gobierno consigue financiamiento del banco central —como ocurrió durante los encierros forzados del 2020— se genera inflación. Tú ya sabes, por supuesto, que la inflación le roba valor a tu plata y que por eso debería ser delito.

Además, esa disposición es parte de la división del poder, esa misma característica del estado de derecho a la que Karl Loewenstein calificó como la base del gobierno civilizado. El jurista consideraba que la clasificación de un sistema político como democrático constitucional republicano depende de la existencia de instituciones efectivas mediante las cuales el ejercicio del poder está distribuido entre los detentores del poder.

Aquel mandato constitucional es de 1994; pero diez años antes, mi recordado y querido amigo Gilberto Chacón fue pionero con su tesis “El control jurídico de la emisión monetaria”, cuando escribió que la existencia de un estado de derecho presupone limitar de forma clara y precisa la facultad de los políticos y burócratas de crear dinero. ¿Por qué? Porque los intereses del Estado no deben prevalecer sobre los derechos individuales y porque el financiamiento de políticos y burócratas era una de las principales fuentes descontroladas de creación de dinero.

En la calle se suele creer que la división del poder es sólo entre los organismos Ejecutivo, Legislativo y Judicial; pero aquel concepto clave se extiende a un Ministerio Público independiente y a autoridades electorales y monetarias independientes, por mencionar tres. Mientras menos concentrado esté el poder estatista, mejor.

Además, ¿por qué los guatemaltecos deberíamos pagar la adhesión del país a otro organismo financiero internacional? ¿Acaso no es suficiente la sopa de letras del FMI, BIRF, BM, BID y BCIE? Tanto John Hancock en Lords of Poverty como William Easterly en The Elusive Quest for Growth: Economists: Adventures and Misadventures in the Tropics han advertido de los peligros de la industria internacional del desarrollo por medio de préstamos y ayudas.

¿Para qué queremos otro club donde endeudarnos para que luego nos digan cómo vivir? ¡Basta ya de regalar nuestro dinero y nuestra soberanía!

Columna publicada en República. 

Actualización: Si quieres conocer qué es el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe o CAF, haz clic aquí. 

Otra actualización: El Minfin afirma que hubo una malintepretación dolosa. Sin embargo, comprar acciones de un banco con el historial del CAF; y usar dinero tomado de los tributarios cuando ni la seguridad ciudadana, ni la administración de justicia, ni el sistema penitenciario son bien atendidos; y cuando las carreteras se están desmoronando (por mencionar algo) es un disparate que sólo se explica por motivos puramente políticos de la actual administarción.


02
Dic 25

¡Honduras le dio duro al socialismo!

 

A sombrerazos van a sacar, los hondureños, al socialismo de Zelaya, Castro y Moncada. Esta última recibió una paliza electoral y, ¡cómo no va uno a celebrar eso! A los socialistas hay que sacarlos electoralmente mientras se pueda, porque si no… se roban las elecciones, o cambian la constitución y luego los jóvenes tienen que poner los muertos para sacarlos a pedradas.

Imagine hizo lo que pudo para ilustrar estas meditacione sobre la derrota del socialismo en Honduras.

La cuestión ahora es: ¿qué va a sustituir a la izquierda en aquel país hermano? Antes de continuar, por si eres nuevo en Carpe Diem, anoto que en este espacio izquierda y derecha se analizan desde una perspectiva filosófica, más que política. En ese contexto, la izquierda es colectivista y niega los derechos individuales en favor de los intereses colectivos; en tanto que la derecha es individualista y entiende que los derechos individuales deben prevalecer sobre los intereses colectivos. En este contexto también se entiende que la realidad pura y dura es que todas las posiciones políticas que conozco son estatistas; unas más y otras un poco menos, pero todas son estatistas. Dicho lo anterior, voy a pintar con brocha gorda:

En la realidad hispanoamericana las ideologías son fluidas y pragmáticas, influenciadas por factores como el clientelismo, la corrupción y las alianzas internacionales. En Honduras, el bipartidismo tradicional —Partido Nacional y Partido Liberal— domina desde hace décadas, con la irrupción de fuerzas «anti-sistema» como el Partido Anticorrupción o Libre, de izquierda populista.

Con base en sus campañas y opiniones, Nasry Asfura, candidato del Partido Nacional, ocupa una posición en la derecha conservadora del espectro. Como exalcalde de Tegucigalpa y líder del PN —un partido de centro-derecha con raíces en el conservadurismo católico y el liberalismo económico—, Asfura representa el individualismo conservador en su promoción de políticas pro-mercado, inversión privada y seguridad pública fuerte, alineadas con el sueño americano y el anticomunismo. El respaldo explícito de Donald Trump y Javier Milei refuerza esta ubicación: defiende la propiedad privada, el libre comercio y alianzas con EE. UU., rechaza el colectivismo estatal de Libre, el partido de la presidenta Xiomara Castro y de la candidata Rixi Moncada.

Sus políticas económicas son pragmáticas en obras públicas y atracción de inversión extranjera, y priorizan el emprendimiento individual sobre la redistribución estatal. Sus políticas sociales hacen énfasis en el orden público y valores tradicionales, con críticas a la izquierda totalitaria que fomenta la corrupción y la inseguridad. En el espectro descrito arriba es posible ubicarlo en la derecha conservadora que evita el totalitarismo al promover elecciones multipartidistas y derechos individuales.

Salvador Nasralla, candidato del Partido Liberal, se ubica en el centro-derecha, con un perfil más ecléctico y populista que lo hace menos predecible que Asfura. Como ingeniero, periodista deportivo y presentador de TV, Nasralla se presenta como outsider. Apoya cierto liberalismo económico (mercados libres, inversión privada y creación de empleo); pero incorpora elementos como justicia social y políticas para la reducción de la pobreza. Su trayectoria incluye alianzas oportunistas: corrió en 2017 con una coalición de izquierda; pero renunció como vicepresidente de Xiomara Castro en 2024 por desacuerdos con la corrupción en el partido oficial Libre.

Sus políticas económicas apuntan hacia la transparencia y el desarrollo (integrar puertos y vías para el comercio), rechaza el estatismo izquierdista; pero aparentemente se inspira en modelos como el de Nayib Bukele en seguridad. Sus políticas sociales hacen énfasis en la lucha contra la corrupción, con promesas de accountability y participación ciudadana; critica tanto a la derecha tradicional  como a la izquierda de siempre. En el espectro descrito arriba se ubica en el centro-derecha, ya que incluye temas de justicia social; pero prioriza el individualismo y rechaza el totalitarismo. No es de izquierda colectivista, pese a sus alianzas pasadas.

Ambos candidatos están en la mitad derecha del espectro: Asfura como pilar del individualismo conservador y Nasralla como centrista que incorpora populismo sin caer en el colectivismo. Es clarísimo el hartazgo hondureño con la izquierda de Xiomara Castro; pero existe el riesgo de que el ganador deba negociar con ella en el Congreso. No hay que engañarse: ambos candidatos son estatistas y ojalá el ganador no decepcione, porque su responsabilidad es enorme.

Estas meditaciones vinieron al caso porque hay que celebrar toda derrota del socialismo, pero también porque Emisoras Unidas me invitó a hablar sobre el tema el lunes pasado y, por un compromiso previo, no acepté. Claro, las ideas se ordenan mejor cuando se ponen en blanco y negro que al calor de una conversación en vivo. ¡Que gane el menos estatista… y que los hondureños recuperen la libertad que merecen!