Hoy me desperté justo a tiempo para ver la totalidad del eclipse de Luna. Al observar a Selene teñida de rojo es fácil entender por qué este fenómeno lleva el nombre dramático de Luna de Sangre. A las 5 de la madrugada me puse mi bata, abrí la puerta del balcón y puse Alto Giove, de Nicola Porpora, pieza musical que desde que vi la película Farinelli –uso para ver eclipses de Sol y de Luna.
Eclipse total de Luna sobre la ciudad de Guatemala, desde mi balcón.
Según este espacio, Carpe Diem, no veía un eclipse de Luna desde 2015; y siempre es maravilloso admirar la mecánica celeste y meditar un rato sobre nuestra capacidad para entenderla y explorarla. Sobre lo fabulosas que son la tecnología, la ciencia y la filosofía que han hecho posible que llegaran hombres a la Luna… y sobre lo hermosa, cautivadora y preciosa que es la Luna.
Durante fenómenos como el eclipse de hoy me invito a pensar en cómo es que la humanidad –o más bien como es que una buena parte de la humanidad– ha pasado de las explicaciones místicas a las explicaciones científicas de los eclipses y meteoros. Como es que los humanos pasamos de la creencia de que un murciélago se comía al Sol, a entender la relación que hay entre el tamaño de la Luna y su distancia con respecto a la Tierra y al Sol para explicar por qué es que una cubre al otro.
Te dejo la letra de la aria de Polifemo para que la disfrutes:
Alto Giove
è tua grazia è tuo vanto
il gran dono di vita immortale
che il tuo Cenno sovrano mi fà
Ma il rendermi poi quella
già sospirata tanto
Diva amorose e bella
è un dono senza uguale come la tua beltà.
Great Jove
it is your grace, is your virtue
the great gift of immortal life
that you bestow upon me.
But render me then that one (gift)
I have already greatly yearned for
The Goddess both beautiful and loving
it is a gift without equal, like your beauty.
En ese baile cósmico, la Luna nos recuerda que el universo no se detiene por nuestras supersticiones. También fue un bonito momento para recordar la Lunar Society, que diseña experiencias que crean espacios intermedios: reuniones íntimas, sensoriales y basadas en preguntas donde las personas reducen la velocidad, prestan más atención y vuelven a relacionarse entre sí, con las ideas y consigo mismas.
cine / Holocausto — Comentarios desactivados en Cinco escenas top de Nuremberg 02 Mar 26
Tengo cinco escenas favoritas en la película Nuremberg, el juicio del siglo. Te la recomiendo porque está más que buena. Lo que viene no son exactamente spoilers; pero si no estás familiarizado con la historia del nazismo y del Holocausto, tal vez no quieras leerlo antes de ver la peli.
No te vayas a perder Nuremberg, el juicio del siglo. Está en Cinépolis.
En la primera, el juez Robert H. Jackson cita al psiquiatra Douglas Kelly en las ruinas del Reichsparteitagsgelände, el vasto complejo, diseñado por el arquitecto Albert Speer bajo las órdenes de Hitler, que estaba inspirado en la arquitectura romana antigua para proyectar grandeza y poder. Ahí Adolf Hitler y el Partido Nazi realizaban sus rallies anuales masivos. Jackson cita a Kelly para explicarle que el juicio se realizará en esa ciudad porque ahí empezó todo, no sólo por lo simbólico de los rallies sino porque ahí se promulgaron las infames leyes de Nuremberg.
Mediante esa legislación, el régimen nacional socialista pasó de la propaganda y la violencia esporádica a una discriminación institucionalizada y luego a la solución final contra los judíos, y eso marcó un inicio en términos de su consolidación legal y su impacto duradero en la historia.
La segunda escena es la conversación (ficticia) del juez Jackson con Eugenio Pacelli porque humaniza el debate sobre la moralidad en tiempos de crisis (que Ayn Rand aborda muy acertadamente en La ética de las emergencias, de su libro La virtud del egoísmo), critica el rol ambiguo del Vaticano en la II Guerra Mundial (tema que ha sido debatido) y sirve como espejo para amenazas actuales como el negacionismo.
La tercera escena es la conversación entre el doctor Kelly y el sargento Howie Triest cuando el primero está a punto de abordar un tren y dejar Nuremberg. En un momento de aquella charla Howie le pregunta a Kelly: ¿Quieres saber por qué pasó aquí [en Alemania]? Porque la gente lo dejó pasar. Y cuando quisieron detenerlo, ya era tarde.
Ese es un insight que no sólo se aplica a la Alemania nazi; sino a ese país y a Europa entera ahora mismo, mientras lees estas líneas, no solo en cuanto al antisemitismo, sino con respecto a la invasión islamista. Ocurren porque la gente deja que ocurran, y cuando quieran detenerlos, ¿será demasiado tarde?
La cuarta escena es cuando el doctor Kelley encara a Hermann Göring en su celda luego de ver las escenas de los horrores del Holocausto. ¡Qué escena tan intensa! Es fascinante la calma escalofriante de este narcisista patológico, inteligente y con un ego inflado, minimiza la evidencia horrorosa y se presenta a sí mismo no como un monstruo y sádico que admite su maldad, sino como un burócrata de alto rango que se ve a sí mismo como un héroe alemán cuya misión era rescatar la gloria nacional.
Esa escena me recordó a la filósofa Hannah Arendt y su concepto de la banalidad del mal. En ese contexto Göring no es un demonio sádico, sino un hombre banal en su maldad, carismático e inteligente; pero irreflexivo moralmente, obediente al sistema nazi por ambición y nacionalismo (contra el que advierte Ludwig von Mises en El gobierno omnipotente). Kelley lo enfrenta con la esperanza de obtener una confesión dramática; pero recibe excusas rutinarias, lo que subraya que el mal surge de la burocracia y la conformidad, no de una locura inherente. Arendt vio lo mismo en Adolf Eichmann: perpetradores que cometen horrores sin pasión, solo por cumplir órdenes.
En la escena de la celda, Kelley muestra su quiebre emocional y pasa de un enfoque clínico y ambicioso (porque quiere escribir un libro sobre los nazis) a una rabia cruda. Le grita a Göring sobre la solución final y le exige accountability. Kelley, expuesto a las escenas de los campos de concentración y a las evaluaciones diarias, internaliza el horror, y concluyó que los nazis no eran locos sino personas ambiciosas con bajos estándares éticos, un hallazgo que lo atormentó hasta el fin de sus días.
Finalmente la advertencia de Douglas Kelley en la radio, cuando el psiquiatra expone sus conclusiones sobre la naturaleza del mal, y hace énfasis en que los nazis no eran anomalías únicas, sino que el potencial para tales atrocidades existe en cualquier sociedad. Esta escena subraya el tema central de la banalidad del mal y deja un mensaje perturbador sobre la vigilancia eterna contra el totalitarismo y el colectivismo.
No quiero terminar estas meditaciones sin decir que Russel Crowe y Rami Malek tuvieron una química impresionante en esta película; y que estoy seguro de que merecen premios Oscar por sus actuaciones más que sobresalientes. Eso sin contar con que el director, James Vanderbilt logró transmitir los dramas de los protagonistas y los dramas de Nuremberg y el Holocausto con una maestría también digna de ser premiada.
Películas como esta nos recuerdan que el mal no es un capítulo cerrado de la historia, sino un riesgo latente que acecha en la complacencia cotidiana.