05
Nov 25

Dos manzanas e islam

 

Los neoyorkinos eligieron como alcalde a Zohran Mamdani, un islamista, comunista, recién naturalizado en los Estados Unidos de América. Su menú de ofertas electorales incluye congelamiento de alquileres, y guarderías y transporte pagados por los tributarios. Su lado socialista es preocupante; pero su lado islámico es alarmante porque los radicales musulmanes ya están reclamando la Gran Manzana para su causa colectivista, místicista y de odio. ¿Mamdani será el Sadiq Khan de Londrestán, en Yorkistán?

Si cayó Constantinopla, ¿cayó Nueva York? La ilustración es de Imagine.

Por cierto que esta no es la primera vez en la historia que los musulmanes se hacen con una gran manzana. Durante siglos, Constantinopla (la actual Estambul) fue conocida entre los otomanos, como la Manzana Roja (Kızıl Elma en turco). Esta expresión representaba un objeto de deseo supremo, una fruta tentadora y accesible solo para los más audaces, simbolizando la ambición de conquistar la ciudad, vista como el premio definitivo en la expansión islámica.

Esta metáfora tiene raíces en leyendas y proverbios turcos, donde se dice que una manzana roja despierta la tentación. Para los sultanes otomanos, como Mehmed II, Constantinopla era precisamente esa manzana roja: un bastión cristiano impenetrable que había resistido múltiples asedios musulmanes desde el siglo VII, pero que finalmente cayó en 1453, lo que marcó el fin del Imperio Bizantino y el auge del Imperio Otomano. La conquista no solo fue un triunfo militar y religioso, sino la realización de un mito profético en la tradición otomana, donde la ciudad era comparada con una fruta prohibida y deseada.

Y, pues bien, ya sabes que Nueva York es conocida como la Gran Manzana. Este apodo evoca su imagen de oportunidad, energía y tentación. El término surgió en el mundo de las carreras de caballos durante la era de la Prohibición y el jazz. En 1921, el periodista deportivo John J. Fitz Gerald escuchó la expresión de mozos de cuadra negros en el hipódromo de Nueva Orleans. Estos la usaban para referirse a Nueva York como el destino supremo que ofrecía los premios más jugosos, comparables a una manzana grande y roja que simbolizaba ganancias y éxitos. El mote se filtró en la escena del jazz de Harlem, donde Nueva York era el epicentro mundial de la música y La ciudad que nunca duerte era la Gran Manzana por sus clubes legendarios.

Así las cosas, Nueva York consiguió llegar al siglo XXI como la Gran Manzana de occidente. Ayn Rand vio en NYC un símbolo supremo del logro humano, la racionalidad y el capitalismo. La ciudad representó, para ella, la concreción de la mente del hombre en acción, un monumento al individualismo y la innovación. La ciudad aparece prominentemente en El manantial y en La rebelión de Atlas, donde la describe con admiración poética, y en declaraciones personales, entrevistas y notas biográficas. La filósofa anticipó que cuando se apagara Nueva York se apagaría la civilización bajo el peso del colectivismo y el misticismo.

Porque tu ya sabes: las culturas no son iguales. La mala filosofía, el relativismo cultural, el remplazo poblacional, la empatía suicida y la demagogia se aparearon para erradicar aquella realidad obvia y la Gran Manzana fue entregada a odiadores de mujeres, odiadores de judíos, odiadores de cristianos y odiadores de la civilización occidental. ¿Cómo explicas que 84% de las mujeres de entre 18 y 29 años de edad votaron por el candidato islámico? ¿Cómo explicas que los neoyorquinos votaron por el candidato islámico sólo 24 años despuíes del 11/9? ¿Qué rol jugaron los lobotimizados en las universidades gringas? ¿Cómo explicas que 33% de judíos votaron por el candidato islámico?

En esta entrega voluntaria, ¿Nueva York perderá su brillo? ¿Se extinguirá la luz de la libertad que iluminaba al mundo a pesar de la necedad woke de sus habitantes?


05
Nov 25

Recuerden, es 5 de noviembre

 

Recuerden, recuerden el 5 de noviembre porque hoy es un buen día para meditar por qué es que en Guatemala las cosas están como están y, sobre todo, quiénes son responsables. Comparto una parte del discurso de V, en V for Vendetta  y nueve de mis frases favoritas de esa estupenda película que, si no has visto, te recomiendo que veas hoy en compañía de alguien a quien ames.

La máscara de V en mi oficina.

La peli suele ser reclamada como suya por los socialistas, principalmente porque la tiranía de Sutler y su partido es de carácter conservador. Sin embargo, el mensaje de V for Vendetta es mucho más rico que el que le atribuyen los socialistas. Desde esa perspectiva, la lucha de V es contra toda tiranía, contra todo colectivismo, contra todo totalitarismo; incluidos los socialistas… y ahora los islamistas. De hecho, mucha de la iconografía de la dictadura en la peli nos recuerda la del nacionalsocialismo, que es una forma de socialismo.

He aquí algunas frases de la peli y dime si no se aplican contra cualquier tipo de tiranía del color que sea.

Las palabras siempre conservarán su poder, las palabras hacen posible que algo tome significado y, si se escuchan, enuncian la verdad. Y la verdad es, que en este país, algo va muy mal…¿Cómo ha podido ocurrir? ¿Quién es el responsable? Bueno, ciertamente, unos son más responsables que otros. Y tendrán que rendir cuentas. Pero, la verdad sea dicha, si estáis buscando un culpable, sólo tenéis que miraros  al espejo.

  • Mi padre solía decir que los artistas mienten para decir la verdad mientras que los políticos mienten para ocultarla. Evey Hammond.
  • El pueblo no debería temer a sus gobernantes, los gobernantes deberían temer al pueblo. V
  • Este concierto se lo dedico a la señora justicia en honor a las vacaciones que parece se está tomando.. y en reconocimiento al impostor que ha ocupado su lugar. V
  • Las ideas son a prueba de balas. V
  • Cuatrocientos años más tarde las ideas aún pueden seguir cambiando el mundo. V
  • ¿Es lo que crees en realidad? ¿O es lo que ellos quieren que creas? V
  • Rectitud, justicia y libertad son algo más que palabras, son perspectivas. V
  • Los símbolos tienen el valor que les da la gente, por sí solo un símbolo no significa nada. V
  • El pasado es historia, el futuro un misterio, el hoy es un regalo, por eso se le llama presente. V

La cita del discurso de V es una traducción del original; y en el original V se refiere a responsabilidad y culpa de tal modo que parecen sinónimos; ¡pero no lo son! Un lector llamó mi atención sobre ese hecho. La culpa (guilt) tiene connotaciones aversivas de origen místico, en tanto que la responsabilidad es libertaria. La culpa te condena; pero la responsabilidad te ofrece la oportunidad de ser hoy mejor que ayer, y mañana mejor que hoy. Esto es cierto porque ser responsable es hacerse uno cargo de las consecuencias de sus decisiones y de sus acciones. La asignación de responsabilidad, dice Friedrich A. Hayek, presupone la capacidad para una acción racional y la aspiración de que se actúe más racionalmente de lo que lo haría sin aquella. Presupone una cierta capacidad mínima para aprender a prever, para guiarse por el conocimiento de las consecuencias de sus acciones.

En este 5 de noviembre, asumamos nuestrass responsabilidades: no más excusas, solo acciones que liberen a Guatemala de sus cadenas invisibles. ¡Las ideas cambian el mundo, empezando por ti!


02
Nov 25

¡Fiambre y a celebrar la vida!

 

Este año no comimos el fiambre en la fecha tradicional, que es el 1 de noviembre, sino que lo comimos hoy. ¿Por qué? Porque ayer fue la boda de El Ale y Cristi una ocasión extraordinaria y alegre que se ganó todo nuestro espíritu celebratorio del día. Después del tremendo fiestón las vibras celebratorias se concentraron en el fiambre que nos ocupó el 28, 29 y 30 de octubre, contando el día en que fuimos a traer la gallina al Mercado Colón.

El fiambre guatemalteco es una combinación delicada de carnes, embutidos, verduras y mariscos unificada por un caldillo.

En casa, la del fiambre es una de nuestras fiestas favoritas; y este año lo compartimos con la familia Masdeu—de El Salvador—con mis hermanos y cuñadas, con mi hermana y con mi mamá.  La familia salvadoreña vino a la boda de El Ale y tuvimos la dicha de compartir con ellos esta fiesta familiar.

El fiambre que comemos hoy es el plato estelar de la cocina guatemalteca, no solo por su sabor y complejidad, sino porque carga con una historia que nos conecta con recuerdos y nuestras raíces. En Guatemala, el Día de Todos los Santos y el Día de los Muertos se funden el 1 de noviembre y esa mezcla no es solo de fechas, sino que es la tradición que materializa nuestra versión del Día de Acción de Gracias, con sabores, aromas y texturas nostálgicas y bien chapinas. Este día no se trata de comer por comer, sino de celebrar la vida, el trabajo productivo y, sobre todo, la oportunidad de agradecer que tenemos con quién compartir el fiambre.

En casa  comemos en fiambre acompañado por el más delicioso pan de muerto que hay en todo el universo mundo.

Entre los guatemaltecos, cada familia tiene su receta y la cuida con la solemnidad de quien guarda un tesoro. Pero, ¿cuál es el mejor fiambre? Pues ese que sabe al de la casa de los abuelos, al de la familia o al de los amigos, porque el mejor fiambre es el que nos da un golpe de nostalgia y nos recuerda quiénes somos. En mi caso, la receta que hacemos en casa viene con una historia de al menos cuatro generaciones, como si cada cucharada trajera un eco de las manos que lo prepararon antes. Ahí está mi madre, Nora, que la aprendió de mi abuela, Frances, y ella de mi bisabuela, Adela, quien la recibió de su cuñada, Elisa. Cada año, al preparar el fiambre, es como si todas ellas estuvieran en la cocina y en la mesa. Pero nuestro fiambre, en casa, tiene nuestro carácter.

Hay fiambres para todos los gustos: rojos, blancos, verdes y, me han contado que también hay amarillos; y los hay ácidos y dulces. En casa, el nuestro tiene un caldillo rosado y destaca el sabor amaderado de la miel. No es un plato fácil, requiere paciencia, buen juicio y el entusiasmo de quien sabe que algo bueno viene en camino. Porque el fiambre es una sinfonía de sabores y texturas, donde cada ingrediente, cada color y cada forma tienen un lugar. Un buen fiambre es armonía, no una mezcla arbitraria de carnes y verduras. El fiambre, por supuesto que lo acompámos por el pan de muerto que hace Raúl.

Para un buen fiambre chapín la buena calidad de los ingredientes, el balance armonioso, y el cariño son muy importantes.

La preparación del fiambre no es asunto de un solo día; se necesitan semanas de planificación y de escoger ingredientes como quien elige recuerdos. Cada año vamos al Mercado Colón a escoger la gallina gorda y a La Puerta del Sol a recoger los embutidos y la cecina, porque don Virgilio y su equipo interpretan magistralmente la receta de don Abel. Por supuesto que comer el fiambre es motivo de celebración, pero también lo es el ritual mismo de la preparación: las conversaciones y bromas en la cocina, las anécdotas que inevitablemente reaparecen.

En este contexto, tiene sentido que Halloween se celebre antes del día del fiambre. A primera vista, la Noche de Brujas parece una fiesta siniestra, cargada de símbolos oscuros, pero esa es precisamente su gracia. Bajo toda esa parafernalia, lo que realmente se celebró el 31 es la vida y se hace mediante la burla de los temores que el misticismo nos ha impuesto. Anoche, mucho de lo que nos da miedo perdió poder. Los monstruos y los fantasmas son excusas para vestirnos de personajes extravagantes y reírnos en sus narices. Por eso, Halloween merece ser celebrado.

El mejor pan de muerto de todo el universo mundo.

Lo del 31 de octubre fue un juego en el que la muerte y sus aliados pierden solemnidad. Con disfraces y risas nos damos permiso para mofarnos de la hechicería, los aparecidos y de otros mitos viejos que nos regaló la imaginación. En la Noche de Brujas, el miedo se convierte en diversión entre risas y sustos.

Las fiestas de ayer (la de la boda y la del fiambre) son una afirmación de que la vida es más que existencia y merece ser festejada. Por eso, a ustedes, lectores, les deseo larga vida, prosperidad y paz en unión de quienes valoran. En casa celerbramos la vida con fiambre y alegría, en familia.