La Administración semillera/raicera de Bernardo Arévalo se terminó de canturriar en la supuesta segunda Primavera chapina entre el 27 de septiembre y el 17 de octubre del 2026 de una forma colosal. Primero en el contexto de la masacre de ocho personas —incluido un menor de edad— en Huité, Zacapa, y luego el 17 de octubre en el contexto del asesinato del ex fiscal y ex jefe de la Superintendencia de Administración Tributaria, Juan Francisco Solórzano Foppa.
El 27 de septiembre de 2026, en Huité un grupo de hombres fuertemente armados y vestidos con indumentaria tipo comando irrumpió en el municipio durante la tarde-noche, y generó varios ataques armados que dejaron ocho personas muertas, todas por heridas de proyectil de arma de fuego.
El 28 de septiembre los ministerios de Gobernación y de la Defensa negaron participación de la PNC, o del Ejército en un operativo y le atribuyeron los hechos a disputas del crimen organizado. Sin embargo, videos mostraron personal y vehículos militares (incluidos jeeps J8 donados por los Estados Unidos de América para el Ejército y fuerzas institucionales como las fuerzas de tarea Chortí, Tecún Umán y Xinca). Luego de hacerse el loco y ante las evidencias en video, el presidente Bernardo Arévalo reconoció el 30 de septiembre la presencia de unidades del Ejército (la Segunda Brigada de Infantería) en la zona y ordenó una comisión multidisciplinaria del Ministerio de la Defensa para investigar alcance y modalidad. Afirmó que la Policía Nacional Civil llegó después para apoyar al Ministerio Público.
No está claro quiénes eran exactamente los primeros hombres armados que ingresaron y dispararon (¿grupo irregular, fuerza especial, estructura criminal rival, operativo no oficial, o mixto?). No está claro el grado real de participación, o responsabilidad de unidades militares en las muertes, la cadena de mando, si hubo errores tácticos, o de inteligencia. El caso no sólo ilustra la opacidad habitual en este tipo de operaciones que involucran al Estado; sino que evidencia la torpeza de la Administración Arévalo que hiede a haber estado directamente involucrada en los asesinatos extrajudiciales de Huité.
El 17 de octubre del 2026, casi inmediatamente después del asesinato de Juan Francisco Solórzano Foppa (que tenía escolta policíaca), la Administración Arévalo capturó y señaló como presuntos culpables a los hermanos Rigoberto y Daniel Choc Toz (repartidores motorizados). En el acto se generó una ola mediática de inculpación. En medio del alboroto y la confusión los responsables consiguieron un día completo para desaparecer. El caso está en reserva y no se sabe quiénes fueron los agentes de la PNC que capturaron a los hermanos Choc.
Hay hechos muy raros en torno a los señalamientos contra los Choc Toz; por ejemplo que la tolva (llena) y el fusil que iban en la caja de Pedidos Ya no corresponde una con el otro; y que la tapa de la caja iba doblada hacia adentro y eso exponía la presencia del arma que es un fusil AR15 de uso exclusivo para las fuerzas de seguridad. Los hermanos fueron detenidos una vez (antes de su detención mediátizada) y se los dejó ir sin que en el registro apareciera fusil alguno. Hoy los hermanos fueron liberados por falta de mérito.
Por el hedor, algo está podrido en Dinamarca.
Una lección cívica
Un fenómeno llamó mucho mi atención en medio de todo el enredo y la desinformación: los repartidores motorizados se organizaron para defender a los hermanos Choc Toz cuando las organizaciones no gubernamentales supuestamente comprometidas con la justicia y la defensa de las garantías procesales brillaron por su ausencia. Los repartidores pasaron la noche y la madrugada del domingo peleando por la presunción de inocencia y por la captura arbitraria de dos de los suyos.
¿Te sorprende? A mí no. Los repartidores —a diferencia de la mayoría de la gente— no dijeron Esto no es conmigo porque son el tipo de personas que constantemente están vulnerables frente a los abusos de las autoridades. Todo el que visita mis redes sociales sabe que en términos de educación vial no soy fan de los motoristas; pero creo que en la noche del sábado y la madrugada del domingo les dieron una lección de civismo y solidaridad. Y me recordaron el texto de Martin Niemöller sobre la responsabilidad de los espectadores y la lógica progresiva de la tiranía: cuando se normaliza el ataque a los otros, al final no queda nadie para defender a nadie. Los repartidores no miraron hacia otro lado, sino que salieron a buscar justicia porque mañana podrías ser cualquiera de ellos, o podrías ser tu.
¿Una tradición familiar?
A la Administración semillera/raicera de Bernardo Arévalo se le fue la media muy temprano porque llegó a la presidencia con un partido que no lo era; llegó con un movimiento que fue inscrito arbitraria e ilegalmente —por orden superior, porque nadie lo tomaba en serio y por la irresponsabilidad del Tribunal Supremo Electoral—; llegó por despecho; y llegó con un equipo, que no lo es y ha estado pegado con cinta adhesiva.
Pero en los últimos 20 días se ha canturriado de una forma espectacular.
¿Tal vez sea una tradición familiar? Gracias a @lic_mec me encontré con una caricatura publicada por La Hora Dominical el 29 de junio de 1951, a poco más de un año de que Juan José Arévalo dejara la presidencia de la República, y esta se hallara en manos de Jacobo Árbenz luego de que el candidato Francisco Javier Arana fuera convenientemente emboscado y asesinado antes de los comicios.
La caricatura muestra a don Jorge Ubico caracterizado como Napoleón I y el texto dice: Marcados desaciertos revolucionarios hacen que muchos añoren al dictador, algunas de cuyas leyes totalitarias hoy se desengavetan.
La primera supuesta Primavera chapina no sólo había desencantado a muchos, sino que se estaba comportando como una dictadura. Juan José Arévalo en su Carta política al pueblo de Guatemala con motivo de haber aceptado la candidatura y otros escritos, dijo que, en el gobierno de Árbenz, la policía fue obligada a practicar torturas repugnantes y a cometer crímenes contra la vida de los adversarios políticos. La supuesta Primavera I y la Maldita Primavera tienen mucho en común que hay que discutir. El desengaño no es nuevo; lo que sigue sorprendiendo es que todavía haya quien la llame primavera.



