En 1976, luego del terremoto, el nivel de las aguas de Atitlán se pegó un bajón. En Panajachel, las playas en las que yo nadaba cuando niño quedaron a varios metros del lago y mucha gente empezó a edificar cerca de la nueva orilla. En aquella población, la audaz Administración de Vinicio Cerezo hasta construyó muros de piedra que, si el agua sigue subiendo, van a quedar peligrosamente sumergidos ya que tarde o temprano se desmoronarán y exhibirán los hierros con los que fueron reforzados.
El hecho es que con las lluvias de este copioso invierno, las aguas del lago han aumentado unos 90 centímetros y cubren cinco metros de playa.
El que el lago suba y baje no es una novedad y todos los que hemos tenido relación con el lago oíamos historias de patios de café y otras edificaciones que habían sido cubiertas a principios del siglo XX y que iban apareciendo conforme las aguas se retiraron. Y ahora resulta que las personas que edificaron en la nueva orilla, a sabiendas de que el lago subiría tarde o temprano, se dicen víctimas y lamentan que sus viviendas y negocios estén siendo anegados.
Lamentablemente la cultura popular sostiene que las personas pueden actuar irresponsablemente y que luego tienen alguna clase de derecho a reclamar ayuda pública cuando tienen que enfrentar las consecuencias de sus acciones.
En la foto del lago destacan los volcanes Tolimán, Atitlán y San Pedro.
Lo decia Napoleon Bonaparte: "QUIEN NO RECUERDA EL PASADO, ESTA CONDENADO A REPETIRLO…"Porque mejor no demandar y condenar a los que "vendieron" esos nuevos terrenos, fruto de un dizque "aluvion" jejeje.