Celebración de Sak Tahn Waak

 

Debido a que los mayas no tenían un Nilo, un Ganges, ni un Tigris, ni un Éufrates, dependieron de las lluvias para desarrollar una agricultura que fuera capaz de sostener grandes poblaciones que, además, gastaban muchísimo tiempo, energía y recursos en la construcción y mantenimiento de grandes centros ceremoniales y políticos.

Sak Tahn Waak. La ilustración la tomé de Facebook.

Esa dependencia de las precipitaciones pluviales para la agricultura fue el incentivo para que sus sacerdotes y sabios desarrollaran calendarios capaces de anticipar —con la mayor precisión posible— cuándo podían empezar a sembrar maíz, calabazas y frijoles. Además, el favor de los dioses —Chac el de la lluvia, y otros— se conseguia mediante sacrificios en fechas propicias. 

Hasta ahora, el desarrollo de aquellos calendarios había sido anónimo y colectivo; pero acaba de ser descubierto el nombre de Sak Tahn Waak o Zorro de Pecho Blanco, matemático y astrónomo de Xultún que en los 700 e.c. se dedicó al estudio de los astros y los números para establecer una fórmula para calcular el tiempo. Los avances científicos no son obras del colectivo (aunque se hagan en equipo), sino de individuos que practican ciertas virtudes, técnicas y metodologías en busca de la verdad. 

Franco Rossi, arqueólogo y epigrafista que comentó el descubrimiento, dijo que Sak Tahn Waak habría dedicado 2.920 días a observar a los planetas Venus y Marte y sus recorridos y a hacer cálculos matemáticos para elaborar su fórmula. Y resulta que es muy raro que alguien hubiera firmado un trabajo como el que hizo el astrónomo en cuestión. Camilo Luin, curador del Museo Popol Vuh, espera que este descubrimiento sirva para que las escuelas en Guatemala enseñen con más detalle la historia maya, incluyendo los nombres de estos protagonistas de nuestro patrimonio maya.

Uno de mis pasatiempos es la astronomía a puro ojo, sin instrumentos; y aunque ya tuve dos telescopios, disfruto mucho observando el cielo como lo hacían los antiguos. En esas condiciones uno entiende que se requiere de mucha paciencia, constancia, conocimiento, disciplina y empeño para hacer el trabajo que hizo Sak Tahn Waak. Y, aparte, se necesita mucha colaboración intergeneracional para acumular y entender datos a lo largo de décadas y décadas.

El descubrimiento de la firma de Sak Tahn Waak rescata para la historia de la humanidad y para los estudiosos del mundo maya el nombre de un personaje notable. El hombre y su nombre sin duda contribuirán a entender con más detalles la historia de los mayas y eso es de celebrar.

Para quienes observamos los cielos, nombres como Ptolomeo, Hiparco, Eratóstenes, Kepler, Copérnico y Galileo son habituales. Ellos son pilares fundamentales de la historia de la astronomía: observadores, medidores y modeladores del cosmos que transformaron nuestra comprensión del universo. Midieron la Tierra y catalogaron las estrellas en la Antigüedad sacaron a la Tierra del centro del universo y nos enseñaron a mirar con telescopio. Sin ellos, la astronomía moderna simplemente no existiría como la conocemos.

Como Sak Tahn Waak, cada uno dedicó gran parte de su vida a observar, medir, calcular y explicar los cielos. No fueron simples filósofos especulativos, sino que usaron datos, matemáticas y (en los casos posteriores) instrumentos para avanzar el conocimiento.

Eratóstenes calculó con precisión asombrosa la circunferencia de la Tierra mediante el uso de sombras y geometría.

Hiparco fue el primer gran catálogo estelar, descubrió la precesión de los equinoccios y sentó las bases de la trigonometría.

Ptolomeo sistematizó el modelo geocéntrico en el Almagesto, la obra astronómica más influyente durante casi 1,400 años.

Copérnico propuso el modelo heliocéntrico que desplazó a la Tierra del centro del universo.

Kepler descubrió las tres leyes del movimiento planetario (órbitas elípticas), y convirtió el heliocentrismo en una teoría matemática precisa.

Galileo, con el telescopio, reveló lunas de Júpiter, las fases de Venus, montañas en la Luna y las manchas solares; demostró empíricamente que el cosmos no era perfecto, ni inmutable como se creía.

Ellos formaron una cadena histórica de progreso científico que llega hasta nuestros días. Eratóstenes, Hiparco y Ptolomeo representan la gran tradición astronómica helenística/grecorromana. Copérnico, Kepler y Galileo son los arquitectos de la Revolución Científica que derribó el sistema ptolemaico y dio nacimiento a la astronomía moderna.

Usaron la razón, la observación y las matemáticas como herramientas principales. Todos rechazaron (en mayor, o menor grado) las explicaciones místicas. Preferían medir, calcular y predecir. Galileo lo resumió mejor que nadie con la frase: El libro de la naturaleza está escrito en lenguaje matemático.

Su legado es permanente. Hoy seguimos usando conceptos, métodos, o datos que ellos originaron, o perfeccionaron (precesión, elipses, telescopio como instrumento científico, tamaño de la Tierra, catálogos estelares, y más).

La firma de Sak Tahn Waak es un hallazgo valioso que enriquece el mosaico de la cultura maya. Celebremos, pues, el descubrimiento del nombre de un hombre paciente, curiosos y tenaz que miró al cielo y calculó para mejor conocimiento y dominio de la naturaleza, seguramente para mejores cosechas, y para que el universo no colapsara por la falta de los sacrificios necesarios para alimentar a los dioses. Que maravilla que conocemos su nombre.

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