Mi trompeta maya de concha

 

Entre los instrumentos musicales mayas, la trompeta de concha ocupaba un lugar jerárquico y sagrado: era la voz del cosmos, no solo un generador de notas. Mientras flautas y ocarinas podían ser más melódicas, o íntimas, y los tambores marcaban el pulso terrenal, la caracola conectaba lo humano con lo divino mediante su potencia sonora y su carga simbólica. Su uso perduró en algunas tradiciones mesoamericanas posclásicas y virreinales, y estudios arqueoacústicos modernos confirman que su timbre era capaz de generar una experiencia sensorial abrumadora en los rituales.

@luisficarpediem

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♬ sonido original – Luis Figueroa

Para la fiesta de solsticio de invierno del año pasado, uno de mis regalos fue una trompeta de concha; y la verdad me dio mucha alegría recibirla. Allá por 2010, en la Calle de Santander, en Panajachel, vi una y estuve a punto de comprarla y me puse roñoso y no la adquirí. De modo que cada tanto me acordaba de eso y me incomodaba bastante haber dejado pasar la oportunidad porque nunca más me volví a encontrar con una… hasta la Navidad pasada.

La foto de despliegue K5937 de una vasija cuya ubicación física es desconocida. Muestra una escena de músicos durante un juego de pelota y el segundo músico de izquierda a derecha toca una trompeta de concha. La foto la tomé de https://research.mayavase.com/kerrmaya_hires.php?vase=5937

 La foto de abajo es de una trompeta de concha del Kimbell Art Museum y visité ese museo de Fort Worth, Texas en 1997 en compañía de mi prima, Rita, con quien es un placer visitar museos.

Trompeta de concha que se encuentra en el Kimbell Art Museum. La foto la tomé de Google Arts and Culture.

Para aprender a extraer de ella su sonido grave, resonante y de largo alcance, que los mayas apreciaban tanto en contextos rituales, de convocatoria y bélicos, acudí a YouTube donde encontré buenas instrucciones.

A veces hago sonar mi trompeta de concha en el balcón de mi casa, sobre todo cuando estoy frente a Venus, o Júpiter que se destacan re bien en el horizonte del oeste. Por supuesto que no lo hago por motivos místicos, sino por disfrutar de un sonido ancestral que uno no suele escuchar en contextos urbanos. Para mí es un sonido celebratorio y me parece encantador cuando lo asocio con la observación de cuerpos celestes.

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