Oda a Rachmaninoff y Lucille Chung

 

La Rapsodia para un tema de Paganini (que es el tema de la película Pide al tiempo que vuelve) es una de las piezas románticas que más me erizan los vellos cuando la escucho y mucho más si es en vivo.  ¿Cómo iba a faltar en un concierto titulado Oda a Rachmaninoff?

La cosa se puso mejor cuando Lucille Chung al piano y la orquesta Festival dirigida por Héctor Guzmán interpretaron El concierto para piano y orquesta en do menor, número 2 op. 18 de Sergei Rachmaninoff.  Esa pieza estaba incluida en un cassette de Luis Cobos que tenía mi abuela Frances, y para unas vacaciones de equinoccio de primavera, en Panajachel, oí ese cassette casi todas las noches antes de dormirme.  ¡Me encantaba tanto!

Y el sábado, ¡Que energía la de Lucille, que capacidad admirable de interpretar y de ganarse al público que le ofreció una larga ovación de pie! Muy merecida.

Aquel concierto, en celebración de los 40 años brillantes del Festival Bravissimo tuvo lugar en la Universidad Francisco Marroquín e incluyó el poderosísiimo Preludio al acto III de Lonhegrin, por Richard Wagner; y la encantadora sinfonía Inconclusa de Franz Schubert.

Geraldina Baca-Spross y el Departamento de Artes Escénicas de la UFM se lucieron con la selección y los músicos con las interpretaciones.

Hubo, también, una exhibición de obras plásticas de César Fortuny, y de sus hijas Carolina y Rocío.

Hugo Garrido supo interpretar muy bien la rapsodia.

Como fue un concierto de aniversario, Geraldina contó dos anécdotas divertidas de la historia del Festival Bravissimo.  La primera no la viví, pero fue de cuando no se vendieron 300 pastelitos para el concierto de celebración para Juan Sebastián Bach y Antonio Vivaldi; y los directivos del festival tuvieron que donar por ahí los pastelitos.  La segunda anécdota fue cuando a causa de las cenizas que arrojó el volcán Pacaya el concierto ofrecido por Roberto Prosseda, en 2010 fue interrumpido y todos abandonamos el campus de prisa.  Al día siguiente nos cayó la tormenta Agatha; pero eso no impidió que escucháramos a Prosseda que, generosamente, ofreció un recital en casa de Geraldina, velada que disfrutamos unos pocos y dichosos mortales.

Ir a los conciertos de Bravissimo no es sólo disfrutar de música magistral e interpretes extraordinarios, sino encontrarme con gente querida…y al final la noche terminó con tapas y cerveza Hoegaarden en la zona 1.

Una noche perfecta, diría yo.

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