Del paro a la marcha y al bloqueo

¡Si así son las vísperas, cómo serán las fiestas!  Lo que iba a ser un paro nacional ya pasó a marcha y hoy se convirtió en bloqueos.

Cuando hay paro, quienes deciden participar en él lo hacen voluntariamente (y yo he participado en dos, uno en tiempos de Vinicio Cerezo y otro en tiempos de Alfonso Portillo). Quienes participan en el paro toman la decisión personal de no trabajar, no intercambiar, no servir y/o no cumplir con sus responsabilidades frente a clientes y/o proveedores. La participación en el paro es personal y como toda acción humana tiene consecuencias que debe enfrentar, responsablemente, aquel que la emprende.  Uno puede estar de acuerdo, o en desacuerdo con los propósitos ulteriores de un paro en particular; pero en tanto acción voluntaria y en tanto que es ejercicio de la libertad, pues no hay más que decir.

Un animal diferente es la marcha.  La marcha afecta a terceros; pero quienes la organizan y participan en ella no enfrentan las consecuencias de sus decisiones y de sus acciones y no se hacen responsables de sus decisiones y de sus acciones. Las marchas impiden el tráfico fluido en una ciudad que ya sufre de tráfico pesado.  Las marchas obstaculizan las actividades de aquellos que no comparten los valores de los marchistas.  Las marchas causan daños económicos y emocionales.  Las marchas son imposiciones, e incluso pueden poner vidas en peligro.

Peores que las marchas, son los bloqueos; porque los bloqueos son acerca de obstuir e impedir, son acerca de detener, interrumpir, retener e incomunicar.  El bloqueo es imposición y agresión. El bloqueo causa daños y perjuicios económicos, y daños emocionales. Vaya uno a tratar de pasar por un bloqueo, aunque sea de forma gentil y educada, y lo que va a recibir es violencia.  Los bloqueos también pueden poner vidas en riesgo.

Cuando yo participaba activamente en los Viernes de luto, no faltaban quienes sugerían que -para obtener cobertura mediática, antes de que existieran las redes sociales virtuales- lo que había que hacer era parar el tráfico en el Obelisco (los viernes a las 6:00 p.m.).  Los responsables de aquellas jornadas, siempre, siempre nos rehusamos a cometer aquel abuso, aún cuando los medios masivos dejaron de darles cobertura a las actividades, que fueron dieciocho.  Recuerdo bien que, una vez, alguien sugirió bajar la bandera que había en la plaza del Monumento a los próceres, e igualmente nos rehusamos a permitir que eso ocurriera.

Puedo respetar la idea de un paro, aunque no esté de acuerdo con sus propósitos ulteriores.  Con lo que no puedo estar de acuerdo, para nada, es con acciones como marchas y bloqueos que dañan y perjudican a terceros y constituyen imposiciones agresivas.

No apoyo el paro del miércoles 20 (que ahora va a ser marcha y bloqueos). No quiero contribuir a que la lucha legítima de los guatemaltecos contra la corrupción, contra el sistema de privilegios, contrar la arbitrariedad, y contra la injusticia, le ocurra en 2017, lo que le ocurrió a Guatemala en 1944 cuando los socialistas secuestraron la gesta del 20 de octubre.

La foto es de Prensa Libre.

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  1. Respetuosamente, veremos si el tiempo le da la razón o no.