
¿Sabes qué me recordó esta foto y el ambiente en la Sala de Vistas el día del linchamiento judicial de Efraín Ríos Montt? Me recordó las escenas de las películas que he visto, sobre la revolución francesa, en las que los jacobinos pedían cabezas y los jueces se las entregaban.
La presidenta del Tribunal Primero A de Mayor Riesgo se levantó para recibir aplausos y saludó a su clientela. Muchos de los asistentes al acto cantaron una canción y sólo después de ese espectáculo la jueza pidió que se llebaran al General, en calidad de detenido, al Cuartel General del Ejército. No sin que antes la juzgadora dijera que Yo sólo hago mi trabajo por el pueblo de Guatemala. No por la justicia, sino por el pueblo. ¡Cabal como los jacobinos con sed de sangre en la Plaza de la Concordia y al pie de la guillotina! Ese jacobinismo demagógico da que pensar, ¿o no? Digo por aquello de que cuando los derechos y las garantías constitucionales -como la del debido proceso- pueden ser abrogadas por supuestos intereses generales, los derechos y las garantías dejan de tener significado.
Además es interesante el gesto de la jueza que contrasta con la de sus dos colegas que, por lo menos, trataron de guardar las apariencias.