07
Mar 11

¿El atún más chapín?

Me acabo de encontrar con un concurso; y el reto es crear la receta del atún más chapín.  El certámen es organizado por Pacífico Azul, una marca de atún enlatado.

Entonces se me ocurrieron algunas preguntas y varias posibilidades porque, como soy cocinero me llamó la atención el asunto.

¿Qué es ser chapín?
Ser chapín, ¿tiene que ver con la tradición, o se puede crear algo ahora y declararlo como chapín?
¿Es lo mismo algo chapín, que algo a la chapina?

En Carpe Diem, uso el adjetivo chapín, no sólo como sinónimo del gentilicio guatemalteco; sino como un calificativo relacionado con ser y actuar como guatemalteco.  Es decir que soy chapín cuando pido un cafecito, en vez de pedir un café; cuando evado dar respuestas directas y concretas a preguntas directas y concretas; o cuando, en una reunión, saludo a todos los asistentes individualmente, en vez de ofrecer un saludo general, aunque para ello tenga que incomodar a todos los participantes.  Soy chapín cuando le doy vueltas a la copa de vino, como si fuera una taza de atol; cuando remojo mi champurrada en la leche con café; o cuando ceno tamal en la Navidad, en vez de cenar pavo.    Soy chapín cuando soy querendón. Creo, pues, que la chapinidad tiene que ver con la tradición y no con una etiqueta que se pega y ya.  Algo con raíces culturales profundas sería chapín y algo creado ad hoc sería a la chapina.

Mi receta de atún no sería, entonces,  una de ese pescado sazonado con pepitoria; ni un subanik de atún.  Tendría que ser una que tuviera cierta conexión con la historia.  Por ejemplo: Es tradicional, en el Viernes Santo, que las familias chapinas almuercen Bacalao a la vizcaina; o pescado seco envuelto en huevo y servido en caldo con verduras.  Mi receta, entonces, sería una de Atún a la vizcaina, o de atún envuelto en huevo y servido en caldo de verduras.  ¿Otro ejemplo? Durante la Cuaresma era costumbre que los chapines comiéramos empanadas de salmón los días martes y viernes.  Pero el salmón ahora es muy caro, de modo que sustiruiría el relleno de salmón, por relleno de atún.

Ah, seguramente en esto de la comida soy demasiado tradicionalista; pero igual, celebro que exista este concurso y ojalá que los que participen se lo gocen y produzcan algo delicioso.  La foto, por cierto, es de mi bacalao del año pasado.


07
Mar 11

Las ocurrencias de propaganda de Kadhafi

Hace poco,  el dictador libio Muamar Kadhafi culpó de la revuelta en su país al líder de la red terrorista Al Qaeda, Osama ben Laden, y dijo que los manifestantes que protestan contra su régimen fueron incitados con leche y Nescafé que contenían drogas alucinógenas.

Ayer, el sátrapa libio tuvo otra ocurrencia y recurrió a la técnica del miedo para tratar de aferrarse al poder.  Kadhafi amenazó con la posibilidad de que, si cae Libia, Europa será invadida por millones de negros.

Este es el Kadahfi cuyo régimen tenía una silla en la Comisión de Derechos Humanos, de la ONU.


07
Mar 11

Los amores de Costa Rica y China

La asamblea de Costa Rica ratificó el Tratado de Libre Comercio entre Costa Rica y China Popular; ya al leer esa historia me acordé de otra que acabo de ver: Según un cable dado a conocer por WikiLeaks, Estados Unidos estimó que Costa Rica relegó los temas de derechos humanos por el dinero de China, cuando el gobierno de Oscar Arias (Premio Nobel de la Paz) guardó un silencio notable ante la represión del régimen de Pekin en el Tíbet en 2008.

Vea usted cómo son las cosas.


07
Mar 11

Una sociedad de opiniones, no de ideas

Cuando a principios del siglo XX, Miguel de Unamuno se enfrentó al fenómeno de que es mínimo el aporte de los Iberoaméricanos a la aventura cultural de Occidente en el terreno científico y técnico, aunque no así en el artístico, lo despachó con la conocida boutade: ¡Que inventen ellos!*  De esto me acordé cuando leí, hoy, que Guatemala ocupa el puesto 126 de 133 países evaluados en cuanto a la calidad de la educación en ciencias y matemáticas.

No es que yo piense que la sociedad guatemalteca -o la iberoamericana- serían mejores si tuvieran más ingenieros y menos humanistas.  Es sólo que me acordé de lo escrito por Carlos Alberto; y de otra cosa que leí en El sueño de los justos, de Francisco Pérez de Antón: La nuestra es una sociedad de opiniones, no de ideas.

* Montaner, Carlos Alberto. Las raíces torcidas de América Latina. Plaza Janés, Barcelona, 2001. P. 126


07
Mar 11

¿De quién debería ser el gobierno?

Hoy, al leer una entrevista con los candidatos Nineth Montenegro  y Harold Caballeros, se habla mucho de un discurso dirigido a los pequeños y medianos empresarios, cooperativistas, capa media y media baja.  Y el entrevsitador les pregunta si tienen una propuesta para los extremadamente pobres como la que ha tenido este gobierno.  Y, efectivamente, la administración socialdemócrata de Los Colom se ha perfilado, a sí misma, como el gobierno de los pobres.

Al leer eso me pregunté: ¿Debería haber un gobierno de los ricos, uno de la clase media y otro de los pobres? ¿Se deberían alternar? ¿Alguno de esos grupos debería ser excluido permanentemente de ejercer su influencia sobre el poder? ¿A alguno de esos grupos se le debería facilitar, permantentemente, su influencia sobre el poder? Esas preguntas, por supuesto, son disparates; pero hay gente que se las hace en serio.  Hay gente que cree que gobernar es llegar al poder para beneficiar (e incluso perjudicar) deliberadamente a grupos sociales.  Aveces estos grupos son de carácter socio-económico, otras veces son de naturaleza étnica, otras de índole religioso, y otras de carácter sexista.  Usted elija.  Pueden, incluso ser mezclas de dos, o más.     Es por eso que los gobiernos se convierten en meras administraciones de privilegios y del presupuesto; y se convierten en fuentes de enfrentamientos en vez de ser los representantes de la unidad nacional.

Que si las de Alvaro Azú y Oscar Berger eran las administraciones de los ricos; y la de Los Colom es la administración de los pobres.  Que si la de Harold Caballeros y Ninech Montenegro serían la de los pequeños propietarios.  Esas son discusiones que tienen su orígen en esa creencia nefasta -y colectivista- de que el gobierno debe ser de grupos específicos.

Yo creo, en cambio, que el gobierno -fuerte y efectivo- debe ser de todos.  Y que sus funciones deben ser la de garantizarles justicia a todos los individuos por igual; y la de proteger los derechos individuales de todos por igual.  El gobierno propiamente dicho, como la justicia, debería tener los ojos vendados.

Sólo si el gobierno acuara como el árbitro de un partido de fútbol, contribuiría efectivamente a facilitar las relaciones pacíficas y voluntarias que hacen posible la cooperación social y la prosperidad.  Imagínese, usted, que desastre serían los partidos de fútbol si los árbitros fueran también jugadores y jugaran y arbitraran para equipos en particular.